Palabras diarias para los peregrinos de Sion

La hermosura y gloria del Renuevo del Señor

Donde quiera que se halle un objeto tan hermoso como el Hijo de Dios, la fe descubre en él una hermosura santa y divina, y una gloria que resplandece aun en la cruz y se corona en su exaltación a la diestra del Padre.

¿Dónde en el cielo o en la tierra podrá hallarse un objeto tan hermoso como el Hijo de Dios? "¿Qué es tu amado más que otro amado?", preguntan las compañeras de la Esposa. Mas ella responde: "Mi amado es blanco y rubio, señuelo entre diez mil." Si, pues, nunca has visto belleza alguna en Jesús, nunca has visto a Jesús; él nunca se ha revelado a ti; nunca tuviste un vislumbre de su rostro amable, ni un sentido de su presencia, ni una palabra de sus labios, ni un toque de su mano. Pero si le has visto con el ojo de la fe, y él se ha revelado a ti aun en pequeña medida, has visto en él una belleza que supera a todas las demás, porque es una belleza santa, una belleza divina, la belleza de su gracia celestial, la belleza de su gloria increada y eterna, tal cual ningún rostro terrenal puede ostentar, ni hombre ni mujer, no, ni Adán en toda su inocencia no caída, ni su hermosa esposa Eva, con toda su virtud, gracia y dignidad, jamás pudieron mostrar; porque es la belleza del glorioso Hijo de Dios, que él lleva por siempre como Hijo del Padre en verdad y amor.

Y así como él es "hermoso", así también es "glorioso." ¡Oh, qué gloria ve a veces la fe en su Deidad eterna, en su filial divinidad, en lo que él es en sí mismo como resplandor de la gloria del Padre y expresión misma de su Persona, y en lo que es hecho para nosotros sabiduría y justificación, santificación y redención! ¡Cuán glorioso se muestra en su sangre expiatoria y en su amor hasta la muerte! Aun sudando grandes gotas de sangre en el tenebroso huerto de Getsemaní, y aun colgado en tormento y agonía sobre la cruz del Calvario, la fe puede ver una belleza en el glorioso Redentor, aun en lo más profundo de la ignominia y la vergüenza. ¿No había una gloria en su mansa obediencia, en su paciencia sufriente, en su sumisión a la santa voluntad del Padre, en su resignación sin queja a los golpes más pesados de la justicia vindicativa, al llevar nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero y así quitar el pecado por el sacrificio de sí mismo? Pero sobre todo la fe le ve glorioso al resucitar de entre los muertos, al subir a lo alto y sentarse a la diestra del Padre, coronado de gloria y de honra, con todas las cosas puestas debajo de sus pies.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: May 3

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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