El entrar en tentación es cosa distinta de la tentación misma. "Velad y orad, para que no entréis en tentación." Una tentación se presenta, se acerca a nosotros, o nosotros nos acercamos a ella. Si la conciencia da la alarma y nos mantenemos, por así decirlo, a barlovento de la tentación, estamos por entonces a salvo. La tentación es una costa a sotavento donde el viento sopla con fiereza; es un litoral sembrado de mil naufragios y de los huesos blanqueados de innumerables marineros ahogados. Mantenga la proa contra el viento, y la nave podrá doblar el cabo; descuide la vela y el timón, y encallará.
David y José estuvieron expuestos a una tentación semejante. David entró en ella y cayó; José fue guardado de entrar en ella y se mantuvo firme. En el campo se ve a menudo una vereda que cruza un prado; si nos mantenemos en ella estamos seguros. Pero podemos ser tentados por diversos objetos a desviarnos un poco, a coger una flor, o pasear por la ribera del río, o hacer un atajo entre los campos. Mientras estamos en la vereda, la tentación puede estar muy cerca, pero aún no hemos entrado en ella; estamos en sus bordes, pero no hemos entrado en su territorio. Pocos, si alguno, entran en tentación sin caer por ella. La MOSCA revolotea alrededor de la tela de araña; tocarla es entrar en ella. El PÁJARO vienta alrededor del lazo del pajarero; picar el cebo es entrar en la trampa. La POLILLA revolotea en torno a la vela; entrar en la llama es quemar sus alas.
Las palabras del Señor no fueron: "velad y orad contra la tentación", sino "para que no entréis en tentación." Pocos salen de la tentación como entraron en ella. ¡Con cuánta claridad describe Santiago la diferencia entre soportar la tentación y caer por ella! No dice: "Bienaventurado el hombre libre de tentación", sino "que soporta la tentación." Bienaventurado el hombre guardado en la vereda, que ve la tentación por todas partes, pero la soporta y no es arrastrado fuera del sendero por ella, porque "cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida." Ha peleado la buena batalla, ha vencido y recibirá la corona. Pero añade: "Ninguno diga cuando es tentado, soy tentado por Dios." No debe decir que el Señor le presenta la tentación y, por tanto, es responsable si cae. "No", dice Santiago, "sea eso aborrecido. Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado cuando es atraído y seducido por su propia concupiscencia." No hay pecado en la tentación, pues el Señor Jesús fue "tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado." Tampoco en la concupiscencia hay pecado práctico, aunque sí pecado especulativo. Es cuando los dos se encuentran y se abrazan, y la voluntad consiente en la unión callando la voz de Dios y de la conciencia, cuando el pecado se produce. Y, en tercer lugar, sigue el fruto temeroso y fatal: "el pecado, cuando es consumado, da a luz la muerte"; esto es, según lo entiendo, muerte en la conciencia, culpa, condenación y miseria, y el amortiguamiento de todos los frutos y gracias del bendito Espíritu.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: May 2
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.