Después de pasar la noche en Betania, el Redentor, con su pequeño grupo, dejó su retiro para reanudar sus labores en Jerusalén. En el camino se topó con un objeto muy impresionante: la higuera maldecida la mañana anterior. La luz del alba reveló su estado marchito, y Pedro llamó la atención de su Señor: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado». De este comentario se deduce que la maldición pronunciada por el Señor no produjo un efecto inmediato, sino que la hizo consumirse y perecer gradualmente. Los apóstoles, que conocían la razón de su estado, debieron contemplarla con asombro y reverencia; nunca habían visto semejante despliegue del poder de su Señor. Habían visto dar vida por su palabra, pero nunca habían visto quitada aun la vida de un árbol.
Y no era Jesús solo quien tenía poder para vencer a sus enemigos. Prometió a sus apóstoles un poder semejante, aun para secar higueras y remover montañas: «De cierto os digo, si tenéis fe y no dudáis, no solo haréis esto de la higuera, sino que si dijereis a este monte: ¡Quítate y échate en el mar!, será hecho». Es evidente que los árboles y los montes representan las dificultades y pruebas de la vida cristiana, y por la fe pueden ser vencidas. El apóstol Pablo triunfó sobre el mensajero de Satanás, y por la fe aprendió a complacerse en las debilidades, afrentas, necesidades, persecuciones y angustias por amor a Cristo, porque halló suficiente la gracia de Dios para él.
Es mediante la oración creyente como se alcanzan tales victorias. Por ello el Señor dio a sus apóstoles algunas direcciones acerca de la oración. Sabía que iban a pasar otro día expuestos a la malicia de hombres impíos, y los advirtió contra albergar un espíritu implacable: «Cuando os pongáis a orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas». Pocos son los que no son a veces injuriados o insultados. No basta con procurar apartar de la mente el pensamiento de nuestros enemigos; debemos pensar en ellos para preguntarnos: «¿Los he perdonado?». Quien ha sido perdonado por Dios será capacitado para perdonar a otros; el recuerdo de lo que ha pasado entre Jesús y su propia alma apagará el sentimiento vindicativo y le hará desear encontrarse aun con sus enemigos en la gloria.
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: Christ and his disciples pass by the withered fig-tree
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.