Pensamientos vespertinos

La justicia de Cristo nos abre el camino a la verdadera felicidad

Justificados por la obediencia perfecta de Cristo, el creyente descubre que la santidad y la felicidad verdadera florecen solo a los pies de Jesús, aun en medio del sufrimiento.

La justificación del Evangelio significa que la justicia infinita y acabada de Cristo es imputada al pecador que se arrepiente y cree. Cristo no obedeció por sí mismo, sino por su iglesia; y sobre el terreno de esa obediencia, los creyentes se presentan ante el Dios santo plena y libremente justificados. Como Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.

Esta verdad está íntimamente unida a nuestra santificación. Ser santo, ser semejante a Dios, tener el carácter, el gusto y el andar diario conformados a Cristo, nuestro amado Emmanuel, es la aspiración más alta del creyente. Y esta justicia divina, recibida en el corazón por el poder del Espíritu y vivida cada día, exalta nuestra visión de Dios y de Jesús, nos saca de nosotros mismos y nos conforma a Cristo. No hay felicidad digna de tal nombre fuera de Jesús: el creyente la ha encontrado al renunciar a su propia justicia y recibir humildemente a Cristo.

Si esta es la única fuente de toda felicidad verdadera, cuanto más constante y cercana sea nuestra aceptación completa en el Amado, mayor será nuestro gozo. Puedes ser hijo del dolor, de la pobreza o de la soledad; sin embargo, mira arriba: eres precioso a los ojos de Dios, amado como la niña de sus ojos, porque te ha amado con amor eterno y te ha aceptado en el Amado. Aun en la senda más áspera experimentarás una paz y una dicha de las cuales el mundo es del todo extraño. Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - August 28

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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