En la exaltación del Redentor tenemos la prenda más firme de su continua simpatía, sostén y liberación en todas nuestras pruebas y tentaciones. Es deleitoso para la mente creyente reflexionar que, al pasar de la escena de su humillación a la de su gloria, y en el cambio espiritual que su cuerpo debió experimentar para adaptarlo a la región que la carne y la sangre no pueden heredar, su humanidad no perdió ninguna de las tiernas simpatías de nuestra naturaleza que lo acompañaron tan de cerca durante su vida terrenal. La misma naturaleza compasiva, el mismo corazón amoroso, la misma profunda compasión por todos nuestros dolores y la misma mano extendida para aliviarlos, distinguen el estado glorificado del precioso Hijo de Dios. ¿Piensas que, aunque habita en la región de luz, santidad y gloria, ha olvidado los días de su humillación, «el llanto y las lágrimas», «el ajenjo y la hiel»? No; los tiene aún en memoria. ¿Olvidará a la iglesia en el desierto, a su pueblo probado y sufriente? Jamás.
¡Oh, cuán dulce y santa es la idea de que, aunque ha pasado tras el velo, pende aún una cadena de la más estrecha simpatía desde el Redentor glorificado en el trono hasta el más humilde y probado de los redimidos en la tierra! Jesús no puede olvidar que aún lleva nuestra naturaleza: la «cabeza tan llena de contusiones», el cuerpo tan marcado, que le recuerdan el estado sufriente de la iglesia y abogan, con un poder que la omnipotencia misma no puede resistir, por el sostén y la liberación de cada miembro probado. Por el canal de nuestro Redentor glorificado, ¡qué inmensos y variados beneficios puede esperar y recibir el creyente! Exaltado como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento y perdón de pecados, ¿no dará con estas costosas misericordias también todas las cosas? Ah, no; nuestro Jesús en su exaltación se acuerda más de su pueblo en su estado bajo que el copero, en su adelantamiento, se acordó de José en la mazmorra. Piensa en nosotros, habla bien de nosotros a su Padre, y sobre nosotros dirige cada instante una mirada de amor inefable en que se entremezcla la compasión infinita. He ahí las bendiciones costosas atadas a la exaltación de Jesús: toda santificación para hacernos santos, todo amor para hacernos dichosos, toda sabiduría para guiarnos, toda gracia para sostenernos y toda gloria para coronarnos. «Lleguémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - August 27
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.