«¿Cómo son resucitados los muertos?». Que hay mucho de sublime misterio en torno a este suceso, lo admitimos de buena gana. Pero ese mismo misterio endereza al alma Aquel «que quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio». He aquí cómo se explica: «Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción; se siembra en deshonor, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder; se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual». Sí, este mismo cuerpo, redimido por la preciosa sangre del Dios encarnado tanto como el principio inmortal que alberga, ¡resucitará! ¿Y con qué poder? Con el poder de la Omnipotencia. Cada santo sepultado es un templo del Espíritu Santo sepultado. Piensa en esto, y pisa con ligereza al llevarlo al sepulcro: llevas un templo del Espíritu Santo.
Oh, es una obra magna y gloriosa reanimar, remoldear y reocupar esa estructura desmoronada; reunir de los cuatro vientos del cielo cada partícula del polvo esparcido; acercar hueso a hueso y nervio a nervio; vestir el esqueleto recompuesto con un cubierto más suave que el de un infante; llamar a su antiguo morador y levantarlo luego a gloria, sobreviviendo a las estrellas en su inmortalidad y superando en resplandor al más brillante ángel del trono. Mas, por más estupenda que sea, no excede el poder de Dios. Tratamos demasiado tibiamente con la omnipotencia de Jehová; limitamos el poder del Santo de Israel. Poned sólo ese poder sobre la doctrina de la resurrección, y todo su misterio se explica y toda su dificultad se desvanece. ¿Ha de tenerse por increíble que Dios resucite a los muertos? Las dificultades de reunir cada átomo de polvo, acaso arrastrado por los vientos a los confines de la tierra o esparcido sobre las olas del mar, de distinguir a qué individuo pertenecía cada elemento y de vestir la estructura con una naturaleza nueva e inmortal, ¿cómo se disipan ante un solo toque de la Omnipotencia! Aquel que formó al hombre del polvo y sopló en él aliento de vida, aquel a cuya voz surgieron mundo tras mundo, aquel que «sostiene todas las cosas con la palabra de su poder», ¿será acaso confundido al abrir el osario del mundo? Será una obra estupenda y gloriosa, y la razón y la revelación convienen en atribuirla a Aquel digno de su infinita grandeza y gloria.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - August 26
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.