Emanando de un Ser infinitamente perfecto en toda perfección moral, se sigue que la ley, diseñada como trascripción de lo que Dios es y copia de sí mismo, ha de ser en todo respeto una ley perfectísima. ¿Cómo podría ser de otro modo? ¿Sería racional suponer que un Ser de infinita santidad, sabiduría y bondad formaría una regla para gobernar a criaturas morales que no fijara ante sus ojos el más alto standard de excelencia y que no demandara y asegurara su obediencia y felicidad supremas? La ley, siendo esencial y perfectamente santa, todas sus exigencias lo son igualmente. No puede cambiar, ni transigir, ni suavizar ni la naturaleza ni el contorno ni la aplicación de un solo mandato. Demanda de cada criatura el homenaje más profundo, la obediencia más implícita y el amor más perfecto.
Al exigir esto, la criatura no tendrá fundamento para impugnar la bondad divina ni razón para alegar que Dios es áspero y austero. Como temeroso de perplexar la mente con una multitud de preceptos, nuestro Señor ha presentado uno solo, cuyo cumplimiento perfecto se resuelve en cumplimiento virtual de todos: «Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento». ¿Quién sino un Legislador infinitamente sabio podría haber encarnado todas las exigencias de un código extenso en uno solo? ¡Qué despliegue de la sabiduría de Dios hay aquí! Al asegurar para sí el amor supremo de sus criaturas, gana una obediencia voluntaria a cada precepto de su ley. Tal es el poder que todo lo rige y todo lo constriñe del amor a Dios. Sin emplear más que este motivo suave y persuasivo, Dios pide tu intelecto, tu tiempo, tu servicio, tu rango, tus bienes, tu persona, tu vida, tu todo. Y al demandar esa entrega completa, su ley se levanta, a la vista de todas las inteligencias creadas, como regla digna de Aquel de quien emana. ¡Sí! Es una ley justísima.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - October 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.