Había casos en los cuales los cristianos podían comer lo que había sido ofrecido a los ídolos, sin pecar. Tal ocurría cuando la carne se vendía en el mercado como alimento común, para el sacerdote a quien había sido dada. Pero un cristiano no debe considerar únicamente lo que es lícito, sino lo que es conveniente y lo que edifica a los demás. El cristianismo de ningún modo prohíbe los oficios comunes de bondad, ni permite un comportamiento descortés hacia nadie, por más que difieran de nosotros en opiniones o prácticas religiosas. Pero esto no debe entenderse de las festividades religiosas, ni de participar en la adoración idolátrica.
Según este consejo del apóstol, los cristianos deben cuidarse de no usar su libertad para daño de otros, o para su propio reproche. En el comer y el beber, y en todo cuanto hacemos, debemos proponernos la gloria de Dios, el agradarle y honrarle. Este es el gran fin de toda religión, y nos guía donde faltan reglas expresas. Un espíritu santo, pacífico y benévolo desarmará a los mayores enemigos.
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 1 Corinthians 10:23-33
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.