A menudo caemos en senderos tan oscuros que nos parece estar del todo fuera de los caminos de Dios, y sentimos como si no hubiese más gracia en nuestras almas que en uno totalmente muerto en delitos y pecados. Y sea que miremos al pasado, o contemplemos el presente, o volvamos los ojos al futuro, una nube oscura parece posarse sobre el conjunto; ni podemos, con toda nuestra búsqueda, hallar a satisfacción que tengamos una chispa de verdadera religión, ni un átomo de gracia, ni un grano de piedad vital, ni rastro alguno de que el Espíritu de Dios haya tocado nuestras conciencias con su dedo.
Ahora bien, cuando estamos en este estado oscuro y desamparado, necesitamos luz; necesitamos que el Sol de justicia se levante; necesitamos que el viento del sur sople un vendaval celestial y disipe las brumas; necesitamos que las nubes se abran y la luz del rostro de Dios resplandezca en nuestras almas, de modo que nos muestre dónde estamos y qué somos, y quede claro que, viles y bajos como somos, tenemos empero un interés salvador en el amor del Padre, la sangre del Hijo y las enseñanzas del Espíritu Santo. Y cuando su palabra comienza a destilar como la lluvia y a caer como el rocío, cuando el Señor mismo se complace en hablar al corazón con un dulce testimonio, una breve palabra, una tierna insinuación, ¡qué cambio produce! Las nubes se disipan, la niebla se despeja, las brumas se deshacen, y el alma queda dulcemente persuadida de su interés salvador en la sangre y el amor del Cordero.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: August 9
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.