Mañana y noche

La mano de Dios en nuestra propia historia

Contemplar la mano de Dios en la vida de los santos antiguos es deleitoso, pero aún más provechoso es marcar su bondad, misericordia y fidelidad en nuestra propia vida.

Es una tarea deleitosa y provechosa observar la mano de Dios en la vida de los santos antiguos, y contemplar su bondad al librarlos, su misericordia al perdonarlos y su fidelidad al guardar su pacto con ellos.

Pero ¿no sería aún más interesante y provechoso para nosotros marcar la mano de Dios en nuestra propia vida? ¿No debiéramos considerar nuestra propia historia como al menos tan llena de Dios, tan llena de su bondad y de su verdad, y tan prueba de su fidelidad y veracidad, como la vida de cualquiera de los santos que nos precedieron? Hacemos agravio a nuestro Señor cuando suponemos que obró todos sus actos poderosos y se mostró fuerte por los de tiempos pasados, pero que ahora no realiza maravillas ni descubre su brazo por los santos que están sobre la tierra.

Repasemos nuestra propia vida. Sin duda en ella podemos descubrir algunos sucesos dichosos, refrescantes para nosotros y glorificadores de nuestro Dios. ¿No has tenido ningún libramiento? ¿No has pasado por ríos, sostenido por la presencia divina? ¿No has caminado por fuegos sin daño? ¿No has tenido manifestaciones espirituales de Cristo en tu corazón? ¿No has recibido favores escogidos? El Dios que concedió a Salomón el deseo de su corazón, ¿no te ha escuchado jamás y respondido a tus peticiones? Ese Dios de generosa liberalidad del que cantaba David: «Él sacia de bien tu boca», ¿no te ha saciado jamás con grosura? ¿Nunca te has hecho recostar en verdes pastos? ¿Nunca has sido conducido junto a aguas de reposo?

Ciertamente la bondad de Dios ha sido para nosotros la misma que para los santos de antaño. Tejamos, pues, sus misericordias en un cántico. Tomemos el oro puro de la gratitud y las joyas de la alabanza, y hagamos con ellas otra corona para la cabeza de Jesús. Den nuestras almas una música tan dulce y tan alborozada como la que salía del arpa de David, mientras alabamos al Señor, ¡cuya misericordia es para siempre!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: July 9 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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