Un ejercicio del amor cristiano será su empeño por evitar toda ocasión de ofensa. Estas, por las muchas y tenaces flaquezas de los santos, ocurrirán con frecuencia; pero deben evitarse, y en el ejercicio de aquel amor que prueba nuestro carácter cristiano, se evitarán. El hijo de Dios deseará guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Todo lo que tienda a debilitar ese vínculo procurará dejarlo a un lado. En su trato con los santos, todo lo que descubra capaz de herir, afligir, alienar u ofender, ya sea en su manera o en su espíritu, el sano ejercicio del amor santo le constreñirá a vencerlo. Será modesto al expresar su propia opinión, respetuoso y deferente con la de los demás. Evitará la dicción dictatorial al emitir sus juicios, y las palabras duras y las expresiones fuertes al disentir de autoridades de igual o mayor peso que el suyo. ¡Oh, si este afecto divino estuviera más profundamente arraigado en los corazones de todos los que profesan llamarse cristianos, qué cortesía de modales, qué gracia de trato, qué tierno respeto a los sentimientos ajenos, qué cuidado de no infligir ni un dolor momentáneo, y qué recuerdo constante de sus solemnes palabras: Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que le colgaran al cuello una piedra de molino y se le hundiera en lo profundo del mar!
Especialmente en la comunión de la iglesia será requerida la gracia de la tolerancia. Cuando la providencia de Dios reúne a una comunidad de personas, con gran variedad de carácter, mente y temperamento, aunque cada uno sea más o menos modificado por la renovación del Espíritu, habrá aún un amplio campo para el ejercicio pasivo del amor. En una iglesia necesariamente imperfecta pueden existir muchas cosas que engendren aversión y aun disgusto en una mente refinada. Pero allí debe ejercerse la tolerancia cristiana. Son las flaquezas de los débiles del rebaño de Cristo, y los más fuertes en gracia deben soportarlas con bondad y paciencia. Siguiendo otro camino, podríamos herir a algunos de los santos más gratos, humildes y orantes de Dios. Pocas veces sospechamos con qué frecuente y profunda humillación secreta los abruma la conciencia de sus fallos. Y conviene recordar que, si a veces quisiéramos ver en ellos menos aspereza de palabra y menos espíritu de censura, ellos pueden descubrir en nosotros cierta altivez, frialdad y aparente soberbia que sean para ellos igual prueba, exigiendo el mismo ejercicio de tolerancia hacia nosotros. ¡Cuán vigilantes, cuán tiernos, cuán amables deberíamos ser, siempre con el amplio manto de la caridad en las manos, dispuestos a echarlo sobre las flaquezas de un hermano en cuanto se presenten a la vista!
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - March 12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.