"Echado soy de delante de tus ojos; mas todavía contemplaré tu santo templo." Jonás 2:4
"Invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás." La verdad de esta promesa se ha comprobado en miles de casos; pero en ninguno, acaso, ha recibido una confirmación más sorprendente que en la historia del profeta Jonás. Fue verdaderamente para él un día de angustia; pero invocando el nombre del Señor, experimentó una liberación tan prodigiosa como extrema había sido su desgracia.
¿Cuáles no serían sus sentimientos al verse en aquella situación tan espantosamente extraña: el vientre del pez! Al principio, es probable que sus pensamientos fueran un cúmulo de confusión; no sabía, podemos suponer, dónde estaba; si vivía o había muerto; si estaba en el tiempo o en la eternidad; en la tierra o acaso en el infierno. Después, puede imaginarse, al recobrar alguna medida de conciencia personal, debió apoderarse de él una especie de solemne y desesperado horror. Al comprobar dónde se hallaba realmente, que era en el vientre de uno de los grandes monstruos del abismo, los más horribles sentimientos debieron apoderarse de Él. Poco a poco, sin embargo, el hecho de estar vivo, de poder vivir y respirar en tal lugar, debió imprimir en él un profundo sentido de milagrosa preservación. Cada instante que pasaba debió dar más fuerza a tal convicción. ¡Cuán extraño, debió pensar, que yo pueda vivir, moverme y tener plena conciencia del ser aun aquí! Sin duda el poder especial de Dios me está preservando.
Y entonces, de tales reflexiones, hubo solo un corto paso a lo que aquí se registra de él, a saber, que en tal lugar "se entregó a la oración." "Echado soy de delante de tus ojos; mas todavía contemplaré tu santo templo." Aquí me hallo, pudo haber dicho, en una situación de angustia tan espantosa como ninguna mortal jamás enfrentó. Estoy desterrado de los hombres y desterrado de Dios. Pero antes de perecer, una cosa haré: levantaré mi alma a Aquel a quien he ofendido con mi desobediencia, pero cuya bondad y gracia he sentido a menudo. Desde estas profundidades espantosas que me encierran, invocaré a Aquel en quien solo se halla mi socorro. Con todas mis fuerzas restantes clamaré: "¡Oh Señor, te ruego que libres mi alma!" Pase lo que pase, esta es mi resolución: "miraré" — tan culpable como soy, tan pobre y perecedero como soy, "mas todavía contemplaré tu santo templo."
Y Aquel que escucha los gemidos de los presos y libra a los que están sentenciados a muerte, oyó su clamor y, en respuesta, le concedió la liberación. Bien podemos exclamar: "¿Quién como tú, oh Dios, que haces maravillas?"
Hay dos clases a las que esta historia se dirige de manera especial: el que ha retrocedido y el creyente atribulado. Lector, ¿estás echado de la vista de Dios? ¿Se ha retirado la luz de su favor gracioso? Oh, mira otra vez hacia su santo templo. Que el carácter de Dios, que las promesas de Dios y que los tratos pasados de Dios te animen a hacerlo. Y entonces, aunque los dolores de muerte te cercaren y los lazos del sepulcro se apoderaren de ti, invocando el nombre del Señor hallarás que Él puede librar...
tu alma de la muerte,
tus ojos de las lágrimas, y
tus pies de caer; y
así capacitarte para andar delante de Él en la tierra de los vivientes.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Prophet's Prayer!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.