«Aunque no podemos amar sus debilidades, sin embargo debemos amar al débil y soportar sus dolencias, sin quebrar la caña cascada. Los niños pequeños no deben ser echados de la familia porque lloran y son molestos. Aunque sean quejumbrosos y obstinados, debemos sobrellevarlo con gentileza y paciencia, como hacemos con la obstinación de los enfermos; si nos injurian, no debemos injuriar en respuesta, sino procurar restaurarlos con mansedumbre, no obstante todos sus reproches.»
Esta paciencia es demasiado rara. No hacemos suficientes concesiones a nuestros semejantes, sino que condenamos de plano a quienes deberíamos animar con nuestra simpatía.
Si nosotros estamos de mal humor, alegamos el clima, o un dolor de cabeza, o nuestro temperamento natural, o las circunstancias aggravantes. Nunca nos faltan excusas para nosotros mismos; ¿por qué no ha de usar la misma ingeniosidad nuestra caridad para inventar disculpas y atenuantes para los demás? Es una lástima llevar el oficio de fabricar disculpas enteramente para consumo doméstico; demos también a otros.
Es cierto que son muy provocativos, pero si sufriéramos la mitad de lo que algunos de nuestros amigos irritables tienen que soportar, ¡seríamos aún más aggravantes! Pensemos en muchos casos en su ignorancia, su desafortunada crianza, su pobreza, su abatimiento del ánimo y el entorno de su hogar, y la compasión vendrá en ayuda de la paciencia.
Somos amables con un hombre que tiene un dedo gotoso, ¿y no podemos extender ese sentir a quienes tienen un alma irritable?
Nuestro Señor se enojará con nosotros si somos duros con sus pequeñitos a quienes Él ama. Tampoco se complacerá si somos desamorados con sus hijos pobres y afligidos, con quienes desea que seamos doblemente tiernos. Nosotros mismos necesitamos de Él diez veces más consideración de la que mostramos a nuestros hermanos. Por su causa deberíamos ser muchísimo más pacientes de lo que somos. Pensemos en cuán paciente Él ha sido con nosotros, y confiese nuestra dureza de corazón como un pecado nada leve.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: We are kind to a man who has a gouty toe
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.