La presencia de Dios y de Cristo en el cielo

La presencia de Dios que satisface el alma en el cielo

En el cielo nada se interpondrá entre Dios y el alma; su presencia plena y satisfactoria será el cielo del cielo.

A veces el pecado, a veces Satanás, a veces el mundo, a veces el descanso en los deberes, a veces la debilidad de nuestras gracias, nos impiden disfrutar aquí de una presencia plena de Dios; pero en el cielo no habrá nada que se interponga entre Dios y nosotros; no habrá nada que nos impida disfrutar de una presencia plena y completa de Dios. Es esta presencia plena de Dios la que constituye el cielo del cielo, la gloria de toda nuestra gloria. Una presencia de Dios imperfecta e incompleta en el cielo oscurecería toda la gloria de aquel estado. La presencia plena y perfecta de Dios en el cielo es el diamante más brillante del anillo de la gloria; y esta tendréis.

Segundo, en el cielo disfrutarán de una presencia de Dios que satisface el alma. Estarán tan satisfechos con la presencia de Dios en el cielo que dirán: «Tenemos bastante, tenemos todo, porque disfrutamos de aquella presencia que virtualmente lo es todo, que eminente lo es todo, que es toda luz, toda vida, todo amor, todo cielo, toda felicidad, todos los consuelos, todos los contentos, etc.». «En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza» (Salmo 17:15). Aunque la presencia espiritual y graciosa de Dios con los santos en este mundo los alienta y consuela mucho, con todo, no los satisface. Aún claman: «¡Más de esta bendita presencia! ¡Oh, más de esta presencia! ¡Señor, con menos dinero pasaremos, con tal de tener más de tu presencia! ¡Menos de la criatura nos basta, con tal de tener más de tu presencia!» (Véanse Salmos 42:1-2; 37:1-3).

Como el rey de Sodoma dijo a Abraham: «Dame las personas, y toma para ti los bienes» (Génesis 14:21), así dicen las almas piadosas: «¡Danos más y más de la presencia de Dios, y que los hombres del mundo tomen el mundo y lo dividan entre sí!».

La presencia divina es muy encendida; un alma que apenas ha gustado su dulzura no puede sino anhelar más de ella. Las almas preciosas que han experimentado la dulzura de la presencia divina no pueden satisfacerse con un poco de ella, sino que en cada oración este es el lenguaje de sus almas: «¡Señor, más de tu presencia!». En cada sermón que oyen: «¡Señor, danos más de tu presencia!». En cada ordenanza que reciben: «¡Señor, concédenos más de tu presencia!».

Es más, esta gracia de la presencia de Dios que disfrutan aquí los hace muy fervientes en sus deseos y anhelos de una presencia celestial y gloriosa de Dios y de Cristo en el cielo, la cual presencia por sí sola puede satisfacer sus almas.

Mirad: así como la desposada anhela el día de las bodas, el aprendiz su libertad, el cautivo su rescate, el viajero su mesón y el marinero su puerto, así las almas que están bajo el poder y la dulzura de la grata presencia de Dios anhelan disfrutar de su presencia gloriosa en el cielo, la cual por sí sola puede llenar y satisfacer sus almas inmortales.

Fuente y atribución

Autor original: Thomas Brooks

Título original: Heaven the Presence of God and Christ — parte 2

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Brooks, publicado originalmente en Grace Gems.

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