La sangre expiatoria de Cristo posee una eficacia perdonadora. Por medio de ella, Dios, el Dios santo contra quien hemos pecado y cuyo justo enojo tememos, puede perdonar todas nuestras transgresiones, borrar nuestras culpas y quitar el terror de una conciencia acusadora. ¡Qué noticia tan admirable! Tomemos su propia palabra como confirmación plena de este hecho y no dudemos más: la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado. No preguntamos cuán pesada sea la culpa que te oprime, ni cuán extenso el territorio que tu pecado ha recorrido; salimos a tu encuentro tal como estás, con la declaración de Dios: la sangre de Jesús limpia de todo pecado.
Muchos pueden dar testimonio de esta verdad. Pablo, escribiendo a los corintios, recordaba que entre ellos hubo fornicarios, idólatras, adúlteros, ladrones, borrachos y estafadores, y añade: tales fuisteis algunos, mas ya habéis sido lavados. En la fuente abierta para la casa de David y los moradores de Jerusalén vinieron culpables, viles y ennegrecidos, y la sangre de Cristo los limpió. Alma que lloras, levanta la mirada: la fuente sigue abierta, y abierta también para ti. Satanás intentará cerrarla, la incredulidad intentará cerrarla, pero sigue corriendo, desbordándose, siempre libre.
Esta sangre del nuevo pacto es sangre que habla paz. No solo obtuvo la paz, sino que, aplicada por el Espíritu Santo a la conciencia, la produce: quita todo temor servil y todo terror de condenación, y capacita al alma para mirar a Dios no como fuego consumidor, sino como un Dios reconciliado, un Dios en pacto. Y es por la simple fe como la sangre de Cristo sella el perdón y la paz sobre la conciencia. Mirar a Jesús, salir de uno mismo y descansar en la obra acabada del Señor: eso es fe. No te apartes del banquete del evangelio por sentirte pobre o indigno; ven a Cristo tal como estás, y él te acogerá y te salvará.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - September 22
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.