El Espíritu Santo enseña al creyente a invocar la sangre expiatoria de Cristo. Pone en su boca este gran y poderoso argumento; y cuando el pecado parece una montaña, cuando la incredulidad sofocaría el anhelo y una profunda conciencia de indignidad haría al alma «mantenerse lejos», Él abre ante sus ojos esta preciosa y alentadora verdad: la eficacia de la sangre de Jesús ante Dios en favor de su pueblo. En un instante, la montaña se allana, la incredulidad se detiene y el alma, libre y sin cadenas, se acerca a Dios, sí, al seno de su Padre. ¡Qué visión nos da esto del amor del Espíritu como autor de la oración! ¿Cuántas veces la culpa ha hecho inclinar la cabeza, y el sentido de propia vileza ha cubierto el alma de vergüenza, reteniéndola como la miseria del pobre mendigo lo aparta de la puerta? Entonces el Espíritu bendito, en la plenitud de su gracia y ternura, despliega a Jesús ante el alma como todo cuanto necesita para un acceso pleno, libre y cercano a Dios. Quita la mirada del yo y la fija en la sangre que aboga por misericordia con más fuerza que todos nuestros pecados por condenación.
Tampoco pasemos por alto el entendimiento que existe entre Dios el Padre y el Espíritu. El Padre, escudriñador de corazones, conoce la mente del Espíritu. Comprende el deseo y el sentido del Espíritu en las almas de sus santos, interpreta los gemidos inefables y lee el lenguaje de sus anhelos. Cuando el sentimiento ha sido demasiado profundo para expresarse y el pensamiento demasiado intenso para articularse, cuando el alma solo ha podido gemir sus necesidades, entonces Dios ha entendido la mente del Espíritu. ¡Oh la inconcebible preciosidad de un trono de gracia! Tener un Dios a quien acudir, que conoce la mente del Espíritu, que interpreta el gemido y lee el lenguaje del deseo. Tal vez fue tu último recurso; fallaron los refugios, ningún hombre se cuidó de tu alma, te abandonaron amigos y corazón; y en tu extremidad te volviste a Dios, y Él no te falló. Hallaste el trono de gracia accesible, viste a un Dios de gracia sentado en él, y te acercaste para suspirar y gemir tus necesidades, diciendo: «Cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien». Si el Espíritu intercede en ti, tu Padre celestial conoce su mente, y ni un suspiro ni un gemido escapan a su atención.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - March 5
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.