Existe la impartición de justicia, así como su imputación; y la impartición de ella es la comunicación de una naturaleza divina al alma. ¿Tengo yo un solo grano de santidad en mí mismo? Ni uno. ¿Pueden todos los hombres del mundo, con todos sus esfuerzos unidos, levantar un grano de santidad espiritual en sus corazones? Ni un átomo, con todos sus empeños. Si todos los predicadores del mundo se unieran con el propósito de obrar un grano de santidad en el alma de un hombre, podrían esforzarse hasta la eternidad: no podrían crear santidad con su predicación, más de lo que con su predicación podrían crear un lingote de oro.
Pero porque, por un acto gracioso de Dios el Padre, Cristo es hecho santificación para su pueblo, él les imparte una medida de su propia santidad. Obra en ellos el querer y el hacer según su beneplácito; envía al Espíritu Santo para suscitar santos deseos; en una palabra, comunica una naturaleza perfectamente santa, que por ello ama la santidad y tiene comunión con un Dios santo; una naturaleza celestial, espiritual y divina, que se baña en las cosas eternas como en su elemento, y disfruta las cosas espirituales como dulces y preciosas. Puede, en verdad, ser pequeña en medida; y quien la tiene se ejercita y se angustia a menudo por tener tan poca de ella; con todo, tiene la suficiente para conocer lo que es.
¿No ha sentido tu alma, aunque te juzgues un mísero manchado, aunque toda iniquidad obre a veces en tu corazón, aunque todo gusano de obscenidad y corrupción arrastre con demasiada frecuencia su pegajosa inmundicia sobre tu mente carnal —no ha sentido, no siente a veces, una medida de santidad hacia Dios? ¿No sientes jamás un elevarse de tu alma al seno de un Dios santo? Deseos celestiales, afectos puros, sencillez de mirada, simplicidad de propósito, un corazón que anhela tener la mente, la imagen y la semejanza de Jesús estampadas en él: esto es una santidad tal como la que el Señor de la vida y de la gloria imparte de su plenitud a su familia pobre y necesitada.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.