Hay una bienaventuranza en la obediencia. No nos salva, pero manifiesta nuestro interés en la obra acabada del Hijo de Dios. No hay nada en los más altos actos de fe u obediencia de lo que podamos gloriarnos como logro propio, nada de lo que podamos jactarnos como nuestro; y, con todo, hay una sagrada bienaventuranza en obedecer al evangelio creyendo en el Hijo de Dios, andando en el temor de Dios y haciendo, además de profesarlas, las cosas que agradan a sus ojos.
Camina en carnalidad, orgullo y justicia propia; vive conforme a las costumbres del mundo y amolda tu vida a las opiniones mundanas, y llevarás tu alma a la miseria y a la esclavitud. Por tanto, aunque no podemos derivar mérito alguno ni gloriarnos de obediencia que rindamos, la senda de la obediencia piadosa es tan segura, tan bendita, tan honrosa para Dios y tan consoladora para el alma así favorecida, que será el deseo de todos los que verdaderamente temen a Dios el ser hallados siempre andando en ella. ¡Y oh la bienaventuranza, si somos capacitados en alguna medida a obedecer la voluntad de Dios creyendo en su amado Hijo y andando en su temor, de hallar bajo toda tentación y prueba de la vida, en la muerte, la salud y la enfermedad, que tenemos un Sumo Sacerdote misericordioso y compasivo, «el autor de eterna salvación para todos los que le obedecen»!
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: May 5
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.