En las temporadas de prueba severa, el cristiano no tiene nada en la tierra en lo que pueda confiar, y por tanto se ve compelido a entregarse a su Dios solo. Cuando su barca se hunde con rapidez y ningún auxilio humano puede servir de nada, debe simplemente y por completo confiar su vida a la providencia y el cuidado de Dios. ¡Dichosa tempestad, la que naufraga a un hombre sobre una roca como esta! ¡Oh, huracán bendito, el que impulsa el alma hacia Dios y hacia Dios solo!
A veces no podemos llegar a nuestro Dios por causa de la multitud de nuestros amigos. Pero cuando un hombre es tan pobre, tan falto de amigos, tan desvalido que no tiene otro lugar adónde volver, vuela a los brazos de su Padre, y es bendecidamente estrechado en ellos. Cuando está cargado con problemas tan apremiantes y tan pesados que no puede contarlos a nadie sino a su Dios, puede dar gracias por ellos; pues aprenderá más de su Señor entonces que en cualquier otro momento. Oh, creyente sacudido por la tempestad, es una prueba feliz la que te conduce a tu Padre.
Ya que ahora solo tienes a tu Dios en quien confiar, procura depositar en Él tu plena confianza. No deshonres a tu Señor y Maestro con dudas y temores indignos; al contrario, sé fuerte en la fe, dando gloria a Dios. Muestra al mundo que tu Dios vale para ti diez mil mundos. Muestra a los ricos cuán rico eres en tu pobreza, cuando el Señor Dios es tu auxiliador. Muestra al fuerte cuán fuerte eres en tu debilidad, cuando debajo de ti están los brazos eternos. Este es el tiempo de proezas de fe y hazañas valerosas.
Sé fuerte y muy valiente, y el Señor tu Dios ciertamente, tan seguro como Él edificó los cielos y la tierra, glorificará su nombre en tu debilidad y magnificará su poder en medio de tu angustia. La grandeza del arco del cielo quedaría estropeada si el cielo se sostuviera sobre una sola columna visible, y tu fe perdería su gloria si descansara en algo perceptible por el ojo carnal. Que el Espíritu Santo te conceda descansar en Jesús en este último día del mes.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: August 31 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.