Esto nos conduce, enseguida, a contemplar la Tumba como un lugar de descanso. Al margen de toda esperanza de lo reservado más allá de ella, los hijos del dolor podrían gozar de una melancólica satisfacción al mirar el regazo de la tierra como el hogar donde sus sufrimientos han de terminar, la almohada en la que la cabeza cansada se reclinará, olvidará el pasado y descansará de sus labores.
Aun suponiendo que tu Redentor no hubiera salido jamás del sepulcro, o que una existencia ulterior no fuera ni siquiera materia de conjetura, ello aún endulzaría la más severa dispensación de la desgracia, y hablaría serenidad pensativa al corazón quebrantado, el reflexionar...
que cada hora quita un grano del reloj de arena de la adversidad;
que el autor del infortunio ha erigido la tumba como su columna limítrofe;
que ha provisto un asilo, una región de olvido y de paz...
donde el dolor cesará de llorar, y la paciencia de sufrir,
donde la pobreza al fin halle refugio de sus pesares,
y la vergüenza halle refugio de las burlas del mundo.
Mas, gracias sean dadas a aquel que ha sacado a la luz la inmortalidad, no estamos reducidos a este triste consuelo de la adversidad.
Fuente y atribución
Autor original: Johnson Grant
Título original: 2.
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Johnson Grant, publicado originalmente en Grace Gems.