Cuando el Señor aplica el juicio a la regla y la justicia al plomo, cuando hace que el hombre vivo se queje a causa del justo castigo por sus pecados, y así lo lleva a escudriñar y examinar sus caminos, despierta en su alma un clamor ferviente. "Levantemos nuestro corazón con nuestras manos", y no las manos sin el corazón; no la mera rodilla doblada; no el mero rostro grave y solemne, esa cubierta más fácil y frecuente de la hipocresía; no la mera forma de oración, ese ídolo creciente de nuestros días, sino el levantar el corazón con la mano. Esta es la única oración verdadera, cuando el corazón se derrama ante el trono de la gracia, intercediendo el Espíritu por nosotros y en nosotros con gemidos indecibles. "Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren". El corazón contrito y el espíritu quebrantado, el anhelo inward del alma tras su presencia manifestada, el suspiro convulso y la lágrima penitente serán mirados por Él, cuando aparte su rostro del mero servicio de labios y del ejercicio corporal.
Pero hay también mucho implícito en las palabras "Dios en los cielos". Esta expresión lo representa sentado muy por encima de todos los cielos, entronizado en luz, majestad y gloria inefable; y, no obstante, sentado en su trono de misericordia y gracia para bendecir al alma que espera en Él, lleno de amor y compasión por el pobre y menesteroso que levanta su corazón junto con la mano, para que reciba perdón y paz de la plenitud de Jesús, y anhela con anhelos inefables que el Señor mismo le sonría y derrame amor y favor en su alma.
Este levantamiento del corazón, la única oración verdadera y aceptable, ningún hombre puede producirlo en sí mismo. Dios, que obra todas las cosas según el consejo de su propia voluntad, puede solo obrar en nosotros así "el querer como el hacer, por su buena voluntad". La naturaleza no puede, con todos sus esfuerzos y todas sus imitaciones falsas de la piedad vital, realizar este sacrificio espiritual. Ella puede cortar sus carnes con cuchillos y clamar: "Baal, óyenos", desde la mañana hasta la tarde, pero no puede hacer descender el fuego santo del cielo. Puede levantar la mano, pero no puede levantar el corazón. Tened por cierto que en esta comunión espiritual con el Dios viviente, fuera de la vista y fuera del alcance del más refinado hipócrita y engañador de sí mismo, radica gran parte del poder de la piedad vital. Este levantar el corazón cuando ningún ojo ve y ningún oído oye, en las transacciones diarias y a menudo horarias de la vida, en la cámara solitaria y sobre el lecho de medianoche, rodeado quizá por el mundo y, con todo, en espíritu separado de él, es un secreto conocido solo por la familia viviente de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 7
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.