David habla aquí de buscar a Dios por lo que Él es en sí mismo, distinto de lo que Él tiene para dar. Sus dones son una cosa, Él mismo es otra. Por eso dice: "Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré temprano"; a ti, distinto de tus dones. La esposa puede estimar los costosos regalos de su esposo; pero ¿qué son sus regalos aparte de él mismo? Así la Iglesia estima en mucho los dones y bendiciones de su real Esposo; pero ¿qué son estos comparados con Aquel que, a sus ojos admiradores, es el principal entre diez mil y del todo amable? Así, vista por el ojo de la fe, hay en su santísima Majestad aquello que solo puede satisfacer al alma enseñada por su Espíritu e influida por su gracia.
El alma fue hecha para Él; fue dotada de inmortalidad por Él. Poderes y facultades le fueron dados que pudieran expandirse en una capacidad infinita para conocerlo y disfrutarlo. De modo que, siendo creada para Dios, nada sino Dios puede satisfacer de veras sus anhelos y deseos. Pero hay en Él, tal como se revela a un corazón creyente, aquello que puede satisfacer. Su favor es vida; su presencia, cielo comenzado; su amor, un anticipo de la bienaventuranza eterna. Así, al buscar las bendiciones que Él tiene que conferir, no las buscamos con independencia del Dador. Amamos el don, pero estimamos más al Dador. Sin el Dador, el don no valdría nada. El anillo nupcial es la prenda de la unión. Pero ¿qué sería el anillo sin el esposo? Una burla. Así todos los favores y bendiciones que el Señor tiene que conferir, si diera todo y se retuviera a sí mismo, no serían sino burlarse de nosotros. Pero al darlos, se da a sí mismo.
Como cuando el esposo pone el anillo en el dedo de su prometida se da a sí mismo con el regalo, así cuando el Señor imprime el sentido de sus desposorios sobre el corazón de su amada, al dar su amor se da a sí mismo. Ni puede otra cosa alguna satisfacer los deseos de un alma despierta. "Es Jesús", dice, "lo que yo quiero; sin Él, el cielo mismo sería infierno; sin Él, la vida no sería vida, ni la gloria sería gloria, ni la inmortalidad sería inmortalidad".
Como sin el sol la tierra no podría existir, así la Iglesia no podría existir sin Jesús. Y como a falta del sol ninguna vela podría ocupar el lugar de la propia luz gloriosa del cielo, así ninguna chispa, por brillante que sea, de fuegos encendidos por manos humanas, podría compensar a la Iglesia la ausencia del Sol de justicia. Él debe ser, como lo es, nuestro todo; teniéndolo a Él, lo tenemos todo; sin Él, no tenemos nada. El Señor el Espíritu escriba esa verdad profundamente en tu corazón, para que la lleves dondequiera que vayas y la hagas siempre tu compañera de seno. Si tienes a Jesús, lo tienes todo; si no lo tienes a Él, no tienes nada. Este sentir continuo de felicidad en y con Él, y de miseria fuera y sin Él, mantenido en tu pecho por el poder del bendito Espíritu, te irá llevando a buscarlo perpetuamente. Esto hizo decir a David: "Te buscaré temprano".
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.