Amén, aleluya. Sea a tus siervos conforme a tu palabra. Pero ¿quiénes somos nosotros, y qué es la casa de nuestro Padre, para que nos hayas traído hasta aquí? Y ahora, oh Señor Dios, ¿qué dirán tus siervos? pues estamos silenciados por el asombro, y debemos sentarnos atónitos, porque no podemos pronunciar ni el más mínimo ápice de tus alabanzas. ¿Qué significa la altura de este amor tan singular? ¿Y de dónde nos viene esto, que el Señor del cielo y de la tierra se dignase entrar en pacto con su propio polvo, y tomar en su seno a la prole viperina que tantas veces ha escupido su veneno en su rostro? No somos dignos de ser como las siervas, para lavar los pies de los siervos de nuestro Señor; ¡cuánto menos de ser tus hijos y herederos, y partícipes de todas estas benditas libertades y privilegios que has establecido sobre nosotros! Mas por tu bondad, y conforme a tu propio corazón, has hecho todas estas grandes cosas. Así sea, Padre, porque así te pareció bien en tu presencia.
Por lo cual tú eres grande, oh Dios, porque no hay nadie como tú, ni hay Dios aparte de ti. ¿Y qué nación hay en la tierra como tu pueblo, al cual Dios fue a rescatar para que fuera su pueblo propio, y para hacerse un nombre, y para hacer con ellos grandes y terribles hazañas? Pues tú los has confirmado para ti, para que sean un pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, te has hecho su Dios, hasta el fin.
Asómbrate, oh cielos, y muévete, oh tierra, ante esta gran obra. Porque he aquí, el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos, y será su Dios. Queda atónito y arrobado de maravilla, porque la infinita separación ha sido reparada; el ofensor es recibido, Dios y el hombre reconciliados, y un pacto de paz establecido, y el cielo y la tierra están de acuerdo en los términos, y han estrechado sus manos y sellado el convenio. ¡Oh dichoso desenlace! ¡Oh bendita unión! ¿Acaso habitarán las estrellas con el polvo, o serán acercados a mutuos abrazos los lejanos polos opuestos? Pero aquí la distancia entre los términos es infinitamente mayor. Regocijaos, oh ángeles; clamad, oh serafines; oh, todos vosotros, amigos del Esposo, estad listos con el cántico nupcial. He aquí el prodigio de los prodigios; porque Jehová se ha desposado para siempre con sus cautivos sin esperanza, y reconoce este matrimonio ante todo el mundo, y se ha hecho uno con nosotros y nosotros con él. Nos ha legado las cosas preciosas del cielo arriba, y las cosas preciosas de la tierra abajo, con la plenitud de las mismas, y nada nos ha retenido.
Y ahora, oh Señor, tú eres ese Dios, y tus palabras son verdaderas, y has prometido esta bondad a tus siervos, y no nos has dejado nada que pedir de tus manos sino lo que ya has concedido libremente. Solo la palabra que has hablado concerning tus siervos, confírmala para siempre, y haz como has dicho, y sea tu nombre magnificado para siempre, diciendo: El Señor de los ejércitos, él es el Dios de Israel. Amén. Aleluya.
Fuente y atribución
Autor original: Richard Alleine
Título original: The Voice of the Redeemed
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Richard Alleine, publicado originalmente en Grace Gems.