Flores de un jardín puritano

Las marcas que el mal deja tras la restauración

Una reflexión sobre cómo el pecado, aun perdonado y restaurado, deja huellas duraderas en el alma, la reputación y la fortaleza interior del creyente.

«Como el derrochador, que ha quebrado, no vuelve a ser de confianza. Muchos, después de una enfermedad grave, no recuperan aquel grado de salud que antes tenían, sino que llevan consigo los frutos de su enfermedad hasta la tumba. Así también, los hijos de Dios, después de pecar gravemente, quizá no recuperen aquella plenitud de fortaleza interior y consuelo que antes tenían.»

A los hombres no les gusta montar un caballo con las rodillas rotas; si ya ha caído una vez, puede volver a caer. Un padre sabio no restituye a un hijo en un cargo para el cual se ha demostrado a sí mismo un derrochador indigno.

Así ha actuado el Señor con muchos descarriados. Como David, han sido restaurados, pero nunca a su paz, prosperidad y poder anteriores. En el ejército de nuestro Señor, al desertor se le recibe con gozo; pero debe comenzar en los rangos más bajos, y debe probar su fidelidad antes de que se le confíe de nuevo un cargo. Un caído, cuando es restaurado, puede haber ganado en conocimiento de sí mismo, pero necesariamente ha de ser perdedor en muchos otros aspectos.

Un niño pequeño, que había caído en la costumbre de mentir, era obligado por su padre a clavar un clavo en un poste cada vez que había exagerado o dicho una mentira. Por fin la costumbre fue vencida, y en varias pruebas el niño había mostrado una veracidad completa. Entonces su padre le permitió sacar algunos de los clavos, y esto se repitió hasta que no quedó ningún clavo en el poste. El pequeño, lejos de sentirse orgulloso cuando ya no quedaba ninguno, exclamó: «¡Ay, padre, ahí están los agujeros donde solían estar los clavos!»

Así deja el mal sus marcas. Por muy plenamente que sea restaurado, el profesante caído rara vez pierde el recuerdo de la impureza, y no recupera fácilmente su reputación dañada. Siempre es débil en aquellos puntos que condujeron a su caída anterior y, por lo general, más débil en todo.

¡Oh Señor! Si me has contado fiel, poniéndome en tu servicio, te ruego que me guardes de ser infiel a mi encargo o negligente en mi vida. ¡Sosténme de tal modo que no tenga necesidad de ser sacado del lodo!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: Alas, father, the holes are there, where the nails used to be!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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