«Él puede tener un gran ejército, pero no son sino hombres. Nosotros tenemos al Señor nuestro Dios para ayudarnos y para pelear nuestras batallas por nosotros». Las palabras de Ezequías animaron mucho al pueblo. 2 Crónicas 32:8
Hay personas en cuyas palabras puedo yo descansar, y que de la debilidad me sacan fuerzas.
Son los que mantienen un trato íntimo y familiar con Dios. Como Ezequías, como Eliseo, como Moisés, como Pablo, perseveran como viendo al que es invisible. Su confianza traspasa las apariencias externas de las cosas, y las fuerzas del enemigo, hasta el grande y glorioso trono del Rey de reyes. Estos son los hombres y mujeres que me impiden desmayar en el día de la adversidad.
Son también los que están seguros de que el honor de Dios está ligado con la liberación y la victoria de sus santos. Su palabra está comprometida con ellos. Sus grandísimas y preciosas promesas les han sido hechas. Su Hijo murió por ellos. Su gracia les está asegurada en este mundo, y su gloria les está reservada en el mundo eterno. No empañará su carácter. Nunca los fallará ni los abandonará. Ellos están ciertos de ello, y su certeza me anima y me reaviva.
Y son los que triunfan por adelantado sobre los antagonistas de Dios y los suyos propios. No necesitan esperar el choque real de la batalla para que su victoria se haya obtenenido. Se gana en anticipación, en esperanza y expectativa, en plena seguridad, mucho antes. Ven a Jerusalén como una morada tranquila, aunque en este momento los asirios están acampados a menos de diez millas de sus muros. Tal tranquilidad no puede sino respirar calma en mi alma. Me eleva a sus propias cumbres sublimes y soleadas.
Es bueno conocer a estos hijos de Dios. Mejor es estar yo mismo inscrito entre ellos.
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — 2 Chronicles 32:8
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.