Desde que Juan estuvo en Patmos, muchos circuitos se han completado; muchas veces han estos ángeles heraldos, en la historia pasada de la cristiandad y del mundo, tocado sus trompetas marciales; nación se ha levantado contra nación y reino contra reino; cada nuevo toque, cada nuevo acopio de los ejércitos para la batalla, cada calamidad estremecedora, el hambre, la pestilencia, la caída de la torre de Siloé, la tormenta que ha sembrado la costa de naufragios y ha llenado de agonía los corazones desolados, todo ello habla de la cercanía del gran desenlace, cuando «el grito del pueblo», el clamor del Israel unido, las oraciones de la verdadera Iglesia de Dios, que ahora ascienden aparentemente en vano, obtendrán la respuesta esperada en una voz desde el cielo que diga: «¡Consumado está!»
En medio, pues, de estos mismos juicios que ahora pasaron ante los ojos de Juan, entre estos toques de trompeta que llevaban el son del ay al mundo culpable, se mezclaban notas de consuelo y aliento para todo espíritu abatido y desalentado. El triunfo de la verdad podía ser interrumpido, pero sería seguro y completo. Como en el caso de Jericó, «nuestras armas no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas». El poder humano y la fuerza humana nada pueden por sí mismos contra los baluartes del mal. «No tenemos poder contra esta gran multitud, ni sabemos qué hacer, pero nuestros ojos están puestos en Ti.» «Habla a los hijos de Israel que marchen adelante.» «Estense quietos, y ved la salvación de Dios.» «Porque Él abate a los que habitan en las alturas; la ciudad altiva la humilla, la humilla hasta el suelo, la hace descender hasta el polvo.» «La diestra del Señor es exaltada, la diestra del Señor hace proezas.» «La soberbia del hombre será abatida, y el Señor solo será exaltado en aquel día.» Como del tipo, así del antitipo se dirá y se cantará a su debido tiempo: «Por la fe cayeron los muros de Jericó, después de ser rodeados por muchos días».
Podemos incluso llevar más lejos el parecido con esta antigua historia de la ciudad fronteriza de Israel, conectándola con la referencia que antes hemos señalado en la visión de los que llevan palmas, a la Fiesta de los Tabernáculos. Esa fiesta, entre los demás sucesos que conmemoraba, incluía el del sitio de Jericó. Pues se nos dice que durante su celebración una procesión, portando ramas de palma y acompañada de sonidos de trompeta, entraba en los atrios del templo por siete días sucesivos; y que el séptimo día rodeaban siete veces el altar con los mismos toques de trompeta, cantando su Hosanna.
En la verdadera Fiesta de los Tabernáculos del Templo celestial, cuando los redimidos entren en su bienaventuranza eterna y su reposo eterno, podrán conmemorar con triunfo sus luchas fatigosas, sus largas marchas alrededor de los muros desafiantes de la incredulidad de la tierra, cuando no tuvieron sino la fe para sostener la seguridad de la victoria final.
Y como digno cierre de esta necesariamente rápida y sumaria referencia a las visiones de las trompetas, notemos solamente además el cuadro final dado bajo el toque de la séptima trompeta. «El templo de Dios fue abierto en el cielo» (Ap. 11:19). El velo impenetrable que oculta a la mirada mortal los misterios de aquel verdadero «Santo de los Santos» se corrió por un momento. ¿Cuál es la revelación que se hace al ojo del Apóstol? Es otro antiguo recuerdo de Jericó, más sagrado aun que sus trompetas. Se vio en este templo «el Arca de Su pacto». ¡Visión gloriosa y consoladora con la que terminar todos estos espantosos toques de trompeta, estos símbolos de ira y juicio, las voces de los relámpagos y los truenos! Los muros de la Jericó del mundo han caído; sus baluartes están demolidos, y la posesión de Israel de la mejor Canaán está asegurada. Pero, como para recordar a Juan, y a la Iglesia en toda edad, el secreto de todas sus victorias pasadas, y darle la prenda de su reposo eterno, contempla el símbolo familiar tantas y por tanto tiempo asociado con las fortunas y la historia del pueblo hebreo: el salvaguardia de sus libertades, el punto de reunión en toda hora de desastre, pero que ahora tenía para él un significado aún más profundo y santo como tipo del gran Propiciatorio, el verdadero Arca del Pacto. En las glorias de Su persona divina y la plenitud de Su obra mediadora, Jesús está puesto en el templo celestial, prenda y garantía de eterna seguridad y paz para la Iglesia comprada con Su sangre. «Porque yo vivo, también vosotros viviréis.»
En la misma visión final, los veinticuatro Ancianos, los representantes simbólicos de toda la Iglesia de los redimidos, son presentados además postrándose sobre sus rostros en un acto de adoración suprema, y prorrumpiendo en una gloriosa ascripción, diciendo: «Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que es y el que era, porque has tomado tu gran poder y has reinado».
Sea nuestro, mientras tanto, esperar pacientemente tal desenlace asegurado y glorioso; «esperando y apresurando la venida del día de Dios». Tomemos nuestra rama palmar de fiesta y sigamos a las trompetas que resuenan: trompetas de júbilo para la Iglesia, trompetas de ay y de juicio para el mundo. No habiendo sonado aún la séptima trompeta, alcemos nuestro Hosanna, el «¡Ven, Señor Jesús!», la nota clave reiterada del libro, con sus divinas armonías. «Aun un poco, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.» «Sonará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles.» «La venida del Señor se acerca.»
La caída de los poderes anticristianos del mundo, la destrucción de sus Jericós morales, será coincidente con este gran acontecimiento por el cual toda la creación anhela. Pueda Aquel que tiene en Su mano el rollo sellado con siete sellos apresurar el día en que se oiga la última voz de trompeta y ascienda el último grito de oración, «¡Venga tu reino!», trayendo la respuesta gozosa que introduce el momento anhelado y el anuncio: «Los reinos de este mundo han venido a ser de nuestro Señor y de Su Cristo, y Él reinará por los siglos de los siglos!»
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: THE CASTING OF THE ALTAR — Parte 2
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.