La vida de Cristo para cada día

Los espinos que ahogan la buena semilla

Los espinos de las preocupaciones, las riquezas y los placeres ahogan la palabra; sólo Dios puede arrancarlos y dar un corazón de carne que lleve fruto.

Consideremos ahora las dos últimas clases de oyentes que nuestro Salvador ha descrito.

Una es el oyente de terreno espinoso: el suelo de su corazón no es tan seco y estéril como el del oyente de terreno pedregoso. La palabra penetra en él, brota, florece, echa yemas y produce fruto; pero, ¡ay!, no buen fruto. ¿Cuál es la causa de este fracaso? Los espinos han crecido junto con la buena semilla y han dañado las plantas celestiales. Los espinos pueden haber parecido muy pequeños e insignificantes cuando se sembró la semilla, pero crecieron en vigor y al fin destruyeron las esperanzas del labrador.

No podemos dudar de lo que representan los espinos, pues nuestro Señor los declaró distintamente como las preocupaciones, las riquezas, los placeres y los deseos de otras cosas. Hay algunas personas que, cuando oyen la palabra, son detenidas, conmovidas, convencidas, persuadidas. Reconocen que son pecadoras, ven que Cristo es el único Salvador, sienten el valor de sus almas y desean llevar una vida religiosa. Pero sus afectos son desviados de Dios por las cosas mundanas. Los oyentes de terreno pedregoso fueron inducidos a abandonar su profesión por temor a la persecución; los oyentes de terreno espinoso, mientras siguen profesando religión, están esclavizados por el amor al mundo. Intentan servir a Dios y a las riquezas. ¿Cuál ha de ser el resultado de tal intento? Ruina. "Porque si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él."

El mundo reviste muchas formas distintas y procura ganarnos bajo diversos disfraces. Según nuestra edad, nuestro carácter y nuestras circunstancias serán nuestras tentaciones. El placer seduce a los jóvenes, y la preocupación enreda a los ancianos; la reputación es el deseo de uno, la comodidad la prefiere otro; pero cada uno de estos es un espino, e impedirá que la buena semilla florezca en el corazón. ¿Qué podemos hacer, pues, para evitar una profesión estéril? Debemos acudir a Dios para que arranque los espinos de nuestros corazones; nosotros no podemos hacerlo, pero Dios está dispuesto a hacerlo por nosotros. Él puede apagar todo deseo desordenado, puede derribar todo ídolo terrenal; puede venir con poder soberano y reinar en nuestros corazones.

Ningún corazón por naturaleza es un corazón honesto y bueno. "No hay quien entienda ni quien busque a Dios." Todo corazón natural es como el camino, el terreno pedregoso o el terreno espinoso. Sólo Dios puede preparar a los pecadores para recibir su palabra. Él puede arar el camino, puede quitar las piedras y puede arrancar los espinos. Hay en las Escrituras una graciosa promesa que Él desea que recordemos: "Quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne." Supliquemos esta promesa en oración. Hay abundancia de buena semilla esparcida por toda esta tierra: miles de Biblias y millones de folletos. ¿Por qué no se convierten más almas? Los corazones de los hombres no están preparados.

¿Ha preparado Dios misericordiosamente nuestros corazones? ¿Hemos recibido la palabra y llevado fruto? Si así es respecto a alguno de nosotros, a Él sea toda la alabanza, quien ablandó nuestros duros corazones. Acaso podamos recordar el tiempo en que los sermones no hacían impresión en nosotros, cuando los santos consejos eran despreciados, y aun las súplicas de una madre eran tenidas en poco. ¿Y cómo preparó Dios nuestros corazones? ¿Nos hizo comer los amargos frutos de nuestras obras, hasta que, como el hijo pródigo, dijimos: "Me levantaré e iré a mi Padre"? ¿O nos sometió de manera repentina, como a Pablo, cuando lo detuvo en medio de su malvada carrera, arando su corazón por el Espíritu al echar la semilla: "Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues"? ¿O nos condujo por métodos suaves y graduales a buscar su rostro, regando los surcos de nuestros corazones, asentándolos, ablandándolos con lluvias, y luego bendiciendo el brote de su palabra? (Sal. 65.)

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: The explanation of the latter part of the parable of the sower

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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