La vida de Cristo para cada día

Los magos que buscaban al recién nacido Rey

Unos magos venidos del oriente preguntan en Jerusalén por el Rey de los judíos, mientras Herodes, turbado, indaga en las profecías el lugar de su nacimiento.

Vemos por el relato de Mateo que nuestro Salvador volvió a Belén después de haber sido presentado al Señor en el templo. Quizás sus padres pensaban criarlo en Belén, por ser la ciudad de David, su antepasado. Pero Dios no quiso que su Hijo fuera criado en una ciudad renombrada, sino en la despreciada Nazaret, y veremos que dispuso los acontecimientos para que abandonaran Belén.

Mientras el Redentor era aún un niño, unos magos llegaron a Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos. ¿Quiénes eran estos magos? Eran gentiles de nacimiento, pero no se sabe de qué tierra venían. Debían de haber oído del Dios verdadero; tal vez algunos judíos los habían instruido. Habían visto una estrella en el oriente, probablemente una luz que nunca antes habían visto. Pero ¿cómo sabían que esa estrella era la señal del nacimiento del Rey de los judíos? Debemos concluir que Dios les reveló por qué apareció la estrella, aunque no se nos informa si lo hizo en un sueño o por algún otro medio.

Estos magos, al llegar a Jerusalén, preguntaron abiertamente por el rey esperado, suponiendo que los judíos, siendo el pueblo de Dios, sabrían más de él y se alegrarían de recibirlo. «Cuando oyó esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él». Este Herod era un hombre muy malvado. Tenía miedo de que alguien le quitara la corona, y por eso se alarmó mucho al oír a los magos preguntar por el Rey de los judíos. Herodes es un ejemplo de que un hombre puede creer la palabra de Dios mientras la aborrece. Creía que los profetas habían hablado verdad y sabían el lugar donde nacería Cristo; creía que el Mesías vendría, y sin embargo deseaba destruirlo. ¡Qué locura parece! Es la fe de los demonios: como Herodes, creen y tiemblan. Cuídense de tener una fe así, una fe que nos haga temer a Dios y sin no nos haga amarlo ni deleitarnos en agradarle. ¡Cuán diferente fue la fe de Simeón y de Ana, de los pobres pastores y de los magos! Ellos se llenaron de gozo por el nacimiento de un Salvador. ¿Nos hemos regocijado alguna vez al pensar que Cristo ha nacido en el mundo?

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: The wise men's arrival at Jerusalem

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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