Los ricos seguidores de este Salvador pobre
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a su puerta, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico.» Lucas 16:19-21
Por más que algunos profesos parezcan diferenciarse del mundo, no se distinguen fácilmente en muchos otros aspectos; particularmente en sus mesas. La gente del mundo apenas puede superarlos en el costo, el cuidado, la profusión y la variedad con que cubren sus mesas.
Quizá no haya ninguna circunstancia en la historia de nuestro Salvador tan poco tomada en corazón, tan generalmente pasada por alto por aquellos que lo reconocen como su Maestro y su Señor, como aquel estado de pobreza al que Él se sometió mientras estuvo en la tierra. No tenía hogar. Ni siquiera tenía dinero para pagar su tributo. Sintió hambre cuando se acercó a la higuera. No obró ningún milagro únicamente para su propio alivio; pero se compadeció de los necesitados y los alimentó milagrosamente por millares; no con manjares, que le habrían sido igualmente fáciles, sino que, hallando entre ellos unos pocos panes y peces, satisfizo sus necesidades con comida sencilla. Sí, aun después de su resurrección, cuando había tomado posesión de todo poder y autoridad tanto en el cielo como en la tierra, se condescendió a comer con sus discípulos pescado asado y pan, que Él mismo les proveyó.
¡Ay! los ricos seguidores de este Salvador pobre tienen más motivo para avergonzarse de su lujoso atuendo, de sus hermosas casas, de su elegante mobiliario y de sus suntuosos festines, que para enorgullecerse de tales bagatelas. Son apéndices inevitables para las personas en ciertas posiciones; pero creo que quienes han bebido profundamente del espíritu de nuestro Señor los tienen más bien por cargas que por beneficios.
Debemos velar contra esa pecaminosa y vergonzosa conformidad con el mundo, que se extiende como una gangrena, que es el oprobio del evangelio y amenaza la extinción total de la religión vital en multitudes que la profesan.
«Y en el infierno, estando en tormentos, alzó sus ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces clamó, diciendo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.» Lucas 16:23-24
Fuente y atribución
Autor original: John Newton
Título original: John Newton choice excerpts — 214
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Newton, publicado originalmente en Grace Gems.