La soledad endulzada

Los tiempos en que el alma goza comunión con Dios

Dios concede a su pueblo tiempos de comunión sensible: antes, durante y después de la aflicción. Estos manjares celestiales no son fundamento de nuestra salvación, sino anticipo de la gloria venidera.

Aunque todo hijo de la familia celestial tiene comunión real con el Padre y con su Hijo Jesucristo, hay tiempos dichosos y momentos placenteros en que se lleva a cabo una comunión divina entre el alma y Dios. El mundo carnal se burla de la idea; y no es de extrañar, pues «el hombre natural no percibe las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son locura.»

¿No confesará todo cristiano que la comunión con Dios se disfruta a veces de manera sensible; y que el goce de ella es—un pequeño cielo, la gloria en botón y un anticipo de la felicidad futura? Y esto no es efecto de la fantasía ni de una imaginación encendida; procede de una causa más noble, aun la bondad soberana del Padre de misericordias. ¿No han sido las almas de su pueblo (¡oh, que yo pudiera decir—las mías propias!) refrigeradas a veces con más que ordinarios derramamientos de su amor, de modo que han anhelado la visión y el goce eterno e ininterrumpido de él mismo? Y cuando el cielo se ha abierto ante ellos para dejarles mirar adentro y ver las glorias de la patria mejor, ¡cómo han hollado los placeres y triunfado sobre los afanes de la vida presente!

En tres estaciones notables se complace Dios en tener comunión con su pueblo. Primero, antes de la aflicción, para prepararlos para ella; como con Jacob en aquella memorable noche cuando su airado hermano marchaba contra él; y con Pablo, a quien se mandó tener buen ánimo, pues como había testificado en Jerusalén, así testificaría en Roma.

Segundo, en el tiempo de la aflicción, para sostenerlos debajo de ella; como cuando Moisés se afligía y caminaba con pesadumbre a causa de la gravísima idolatría de Israel, entonces Dios habló con él cara a cara, como habla un hombre con su amigo; e hizo pasar su bondad delante de él. Asimismo, el rostro de Esteban, por el gozo sentido en el corazón, resplandeció como el de un ángel, en medio de sus enemigos y cerca de su muerte.

Y tercero, después de algunas dispensaciones aflictivas y providencias luctuosas. Así los apóstoles, después de haber sido apresados, examinados y severamente amenazados, son llenados de manera eminente con el Espíritu Santo, mientras el lugar de su morada, como símbolo de la presencia divina, es notablemente sacudido.

Aunque todos sus santos son alimentados de la abundancia de Dios—sin embargo, a veces se les permite sentarse en su presencia y banquetear con el Rey. Y tal banquete hace al desierto estéril como el huerto de Dios. Solo en la fuerza de los manjares celestiales, otorgados por Jesús, camino hacia el monte de Dios. Ahora bien, estas manifestaciones y comunicaciones no me dan título a la bienaventuranza—sino que son ellas mismas una parte de mi bienaventuranza; por tanto, no debo fundarme en ellas—sino buscar mi firmeza en la justicia del Hijo de Dios. Aun el que un siervo sea admitido a comer en la mesa del amo no prueba que sea un hijo; pero el hijo que permanece en la familia de la elección y en la casa de Dios, tiene siempre derecho a ser alimentado, y a veces es admitido a la propia mesa de su Padre.

Si, pues, al Cielo le place, conforme a su soberanía divina, desplegar su gloria a veces con un resplandor más que ordinario, ¿por qué habrá de llamarse entusiasmo y delusión? Por mi parte—¡que yo viva y muera en tal delusión! Pero si así la vida del más pequeño de los santos se asemeja a la vida de un ángel, en comparación con la de los mundanos más felices; y si la vida de un santo aventaja a la de otro en andar cerca de Dios (pues es así como en el 'cielo de la gracia' una estrella difiere de otra estrella en gloria); y si la vida de un santo, a veces por unos momentos, en comparación con sus logros ordinarios, se asemeja a la vida de un serafín; ¿qué no será la comunión eterna, ininterrumpida, plena y libre—en los cielos altísimos, donde las vasijas nuevas podrán contener el vino nuevo del paraíso; y donde el alma, capacitada en todas sus facultades, será colmada con toda la plenitud de Dios?

¡Expirad, años intermedios—para que yo me una a los adoradores alrededor del trono, y comience la comunión con el Altísimo en el lugar santísimo—por las edades sin fin de la eternidad!

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: Sensible communion with God sometimes enjoyed

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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