Pensamientos vespertinos

Mirar a Jesús desde el propio yo y desde el pecado

Para contemplar espiritualmente a Jesús debemos apartar la mirada de toda otra cosa, de la justicia propia y también del pecado, fijando los ojos solo en Él.

La verdadera contemplación espiritual del Señor Jesús en el gran asunto de nuestra salvación eterna exige que apartemos la mirada de todo objeto que divida nuestra atención para fijarla solo en Él. Debemos apartar la mirada de nosotros mismos. Este es, acaso, el objeto más común e insidioso que se interpone entre el ojo del alma y Jesús. Cuando Dios fue echado del corazón del hombre, el yo se encaramó al trono vacío. Debemos apartar la mirada del yo justo: de toda obra de justicia que podamos realizar, de nuestras limosnas, caridades, observancias religiosas, ayunos, oraciones y sacramentos, de todo esfuerzo por hacernos mejores para agradar a Dios. De todo esto debemos apartarnos, para mirar solo a Jesús y ser salvos por su justicia, y por la suya solamente. El lenguaje del apóstote debe resonar en nuestros corazones: «todo lo estimo por pérdida a causa del excelso conocimiento de Cristo Jesús… para ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, sino la que es por la fe de Cristo».

Mas debemos igualmente mirar a Jesús apartando la mirada del yo injusto. Nuestros pecados y transgresiones, rojos como el carmesí, incontables como la arena y altivos como los Alpes, no deben por un instante interceptar ni oscurecer nuestra mirada hacia Jesús para salvación. Jesús es Salvador, como su nombre precioso lo significa, y vino a salvarnos de nuestros pecados, sean jamás tan grandes en magnitud o infinitos en número. No podemos mirar a Jesús y sentir el gozo de su salvación fluyendo en el alma mientras miramos, al mismo tiempo, a la multitud y turpitud de nuestros pecados. No debemos mirar al pecado y al Salvador a la vez, sino contemplar por la fe al que «llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero». Ninguna transgresión, ningún crimen, puede interponerse como barrera eficaz entre el Salvador y el pecador penitente. Él no rechazó jamás a un pobre pecador que acudió a Él. Con una declaración como esta brotando de los labios de Jesús, ¿quién rehusará apartar la mirada de la grandeza de su propio pecado para fijarla en la grandeza de su amor?

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - July 27

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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