La soledad endulzada

Nada puede comprar a Cristo del alma que lo ama

Ni oro, ni honores, ni el universo entero pueden compararse con el Amado; y si Cristo basta sin el mundo, ¿por qué no ha de bastarnos Cristo sin el menor polvo del universo?

"¿Qué es tu Amado más que otro amado?" preguntaron una vez a la esposa los que no lo conocían tan bien como ella. Ahora bien, mundanos, dejadme oír qué queréis poner en la balanza contra mi Amado, para que, al rechazar vuestras ofertas más cuantiosas, se vea cuánto estimo a mi Señor más querido y mejor amado. ¿Me daréis, pues, oro y plata hasta que ya no pueda desear, hasta que no pueda almacenar más? ¡Ah! ¡vuestros montones de polvo brillante no podrán, no pueden, comprarlo de mí! ¿Me daréis títulos, honor y gloria por él? ¡Ah! ¡sonidos vacíos jamás arrebatarán de mí a aquel que es la bienaventuranza verdadera, sólida y sustancial! ¿Me daréis la tierra por posesión, someteréis sus reinos a mi dominio, entregaréis las estrellas a mi heredad y haréis mío todo el universo? Esto, aun todo esto, no equilibrará la pérdida de mi Amado; pues comparado con sus excelencias, todas las cosas son sólo pérdida y basura.

Por último, ¿me daréis otro amado en lugar de él? Pero ¿dónde puede hallarse tal? En él se encuentran todas las perfecciones; en él brillan todas las glorias; en él residen todas las excelencias; en él abunda toda plenitud. Todo cuanto puedo desear o anhelar se halla en él; sí, más de lo que puedo recibir sobreabunda en él. Ahora bien, ¿tenéis algo en reserva que ofrecerme por él? ¡No! Entonces llevaos vuestro polvo y cenizas, alimento de gusanos y combustible para las llamas. Todo eso no podría comprarme ni un beso de su boca, ni una mirada de su rostro, y mucho menos al Amado mismo. Mas una palabra de consuelo para vosotros antes de iros. Aunque yo no puedo, no debo, no quiero vender mi parte y mi interés en mi Señor más querido, sin embargo, en sus propios términos, podéis ser posesores de él en toda su gloriosa plenitud, en quien solo podéis ser bienaventurados, y sin quien, en medio de toda vuestra abundancia, seréis extremadamente pobres y totalmente miserables.

Pero ahora, alma mía, una reprensión para ti. No venderás tu interés en Cristo por nada, ni cambiarás tu porción por el universo. ¿Por qué, entonces, no ha de ser Cristo y un interés en él una suficiencia plena para ti? Y si el universo no podría contentarte sin Cristo, ¿por qué no ha de contentarte Cristo sin el menor polvo del universo?

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: Nothing can purchase Christ from the soul

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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