¿Hemos, pues, de pavonearnos con orgullo ante Tu vista?
«Así dice el Señor: No se jacte el sabio de su sabiduría, ni el fuerte de su fuerza, ni el rico de sus riquezas.» Jeremías 9:23
¿Quiénes somos para que el orgullo se hinche dentro de nosotros! Nuestro origen es el lodo que pisamos. Polvo somos, y al polvo pronto retornaremos. En cuanto a nuestra materia, no superamos al más abominable reptil. Cuanta diferencia de forma e intelecto poseemos, nos es concedida libremente por Tu bondad. Cada facultad de nuestra mente y de nuestro cuerpo es un don inmerecido de Tu parte.
Así de bajos somos como criaturas, y aún mucho más bajos como pecadores. Hemos pisoteado, veces sin cuento, Tu justa ley. La deformidad del pecado está impresa en nosotros; su horror oscurece nuestra frente; su toque asqueroso ha fijado en nosotros la corrupción.
¿Hemos, pues, de pavonearnos con orgullo ante Tu vista? El lugar que nos corresponde es lo más profundo de la propia humillación. Somos mucho menos que nada ante Tu ojo que todo lo ve. Ayúdanos a vernos a nosotros mismos tal como Tú nos ves. ¡Entonces el orgullo habrá de marchitarse, desvanecerse, decaer y morir!
Tu Palabra nos asegura que Tú das gracia a los humildes. Humilla nuestros corazones ante Ti, y luego replétenos con Tus dones más selectos. Que nuestra posición sea siempre la más humilde entre los humildes, para que nuestras riquezas espirituales abunden sobremanera.
Capacítanos para andar en la tierra así como anduvo Tu Hijo amado. Él es nuestro modelo más perfecto. Él fue manso y humilde de corazón. Que Su mansedumbre sea nuestro manto que todo lo cubre. Revístenos por completo con Su humildad.
Fuente y atribución
Autor original: Henry Law
Título original: Family Prayers — Excerpt 10
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Henry Law, publicado originalmente en Grace Gems.