«No podéis servir a Dios y a las riquezas». Mateo 6:24.
De los enemigos de la cruz de Cristo, el apóstol declara que «solo piensan en lo terrenal». Solo se preocupan por aumentar sus almacenes, y así poder decir, como el rico de quien habla el Salvador, que tienen muchos bienes acumulados para muchos años; sobre la base de los cuales se proponen descansar, comer, beber y regocijarse. Todos sus pensamientos son de la tierra, terrenales. Las cosas del tiempo y de los sentidos las consideran como principio y fin, medio y término.
Se cuenta de cierto comerciante holandés que, si con ello pudiera obtener riquezas, dijo que estaría dispuesto a meter su barco en la boca del infierno, aunque se le quemaran las velas al hacerlo. Podemos estar dispuestos a estremecernos de horror al contemplar un espíritu tan temerario y profano; y, sin embargo, ¡cuántos hay que actúan virtualmente sobre un principio semejante! Si solo pueden comprar y vender y obtener ganancia, ¿qué les importa poner en peligro todo lo que debiera serles querido como criaturas inmortales? Mientras se apresuran por hacerse ricos, a menudo lo hacen con la conciencia de que con ello caen «en tentación y lazo, y en muchos deseos necios y dañosos, que hunden a los hombres en destrucción y perdición».
Es imposible que la mente sea gobernada al mismo tiempo por dos principios opuestos. El amor al mundo y el amor a Dios son diametralmente opuestos entre sí. «Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él». «¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Así que, cualquiera que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios». «No podéis servir a Dios y a las riquezas».
Para tomar una ilustración pintoresca de uno de nuestros viejos escritores: «Cuando ves a un perro siguiendo a dos hombres, mientras caminan juntos no sabes a cuál de ellos pertenece el perro. Pero deja que lleguen a un cruce de caminos y allí se separen el uno del otro; entonces pronto se verá quién es el dueño, porque el perro seguirá a su amo adondequiera que vaya».
Así también, un individuo puede perseguir el mundo y conservar al mismo tiempo una profesión cristiana, y a menudo es difícil averiguar si es Dios o el mundo el que posee sus afectos. Pero, andando el tiempo, llega a un cruce de caminos, cuando Dios le llama por un lado y el mundo por otro, y entonces mostrará a quién pertenece en realidad. Si Dios es su amo, entonces seguirá y obedecerá a Dios. Pero si el mundo es su amo, entonces lo seguirá a él.
Oh alma mía, ¿cómo te afectan los respectivos reclamos de las cosas del tiempo y las de la eternidad? Después de unos cuantos amaneceres y ocasos más, será del todo indiferente para ti el que hayas sido rico o pobre, exitoso o fracasado en tus negocios. Pero será de consecuencias inefables el que hayas huido al refugio para asirte de la esperanza puesta delante de ti en el evangelio.
Escucha, pues, las palabras del Señor Jesús: «No trabajéis por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre os dará». «No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón».
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Love of the World
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.