«Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres.» 2 Corintios 5:11
Aunque un análisis cuidadoso del texto debería formar la base de casi todos nuestros sermones, debe haber algo más que una mera exégesis, por clara, correcta e instructiva que sea.
No tenemos que enfrentarnos solo con un entendimiento oscuro que necesita ser iluminado, sino también con un corazón endurecido que necesita ser conmovido, y una conciencia aletargada que necesita ser despertada. Hemos de hacer sentir a nuestros oyentes que en el gran asunto de la piedad hay mucho que hacer, además de mucho que saber. Debemos impartir conocimiento, pues la luz es tan esencial para el crecimiento de la piedad en el mundo espiritual como lo es para el crecimiento de la vegetación en el mundo natural.
La analogía se cumple también en otro aspecto: no basta con dejar entrar la luz, sino que debemos añadir una labor grande y enérgica para llevar adelante el cultivo. Debemos, pues, ascender de la exégesis a la exhortación, la advertencia y la amonestación.
El modo del apóstol es el acertado: «A quien anunciamos, amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar a todo hombre perfecto en Cristo Jesús.» No solo debemos dirigir a nuestros oyentes, sino impulsarlos.
Todos ellos saben mucho más de la Biblia de lo que practican; la cabeza suele ir muy por delante del corazón; y nuestro gran cometido es persuadir, rogar, suplicar.
¡Tenemos que enfrentarnos con una mente muerta, pesada, letárgica! Y más aún, tenemos que vencer una resistencia obstinada y mover un corazón reacio. Cuando hallamos a todo pecador a quien nos dirigimos actuando en contra de los dictados de su propio juicio y de las advertencias de su conciencia, así como del testimonio de la Escritura; sacrificando los intereses de su alma inmortal por las vanidades del mundo y las corrupciones de su corazón; empeñado locamente en su propia ruina y precipitándose hacia el abismo desde el cual dará un salto fatal a la perdición; ¿podemos en tal caso contentarnos con explicar, por claro que sea, y demostrar, por concluyente que sea, las verdades de la Escritura? «Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.»
Nuestra enseñanza debe ser... lúcida y conmovedora, captar la atención, instruir el juicio, comprometer los afectos, y despertar la conciencia.
Fuente y atribución
Autor original: John Angell James
Título original: Our teaching
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.