Joyas devocionales de John Angell James — Volumen 7

El pastor y el secreto del poder en el púlpito

El secreto del poder en el púlpito no reside en la elocuencia, sino en la piedad personal del pastor; la oración en lo secreto es el manantial de toda verdadera eficacia ministerial.

El ministro cristiano es el pastor espiritual del rebaño. Su tarea no es aumentar únicamente el conocimiento de los suyos, sino también su santidad, su amor y su espiritualidad. Ha de ayudarles a cumplir todas las obligaciones del deber y a cultivar todas las gracias de la santificación.

La falta de una exhortación poderosa, elocuente y, a la vez, sencilla y sincera, figura entre las mayores deficiencias del púlpito moderno.

El resorte principal de todo nuestro poder en el púlpito

Somos débiles en el púlpito porque somos débiles en el aposento de oración. Un pastor ferviente disciplinará su corazón, pues allí, en lo íntimo, está el manantial de la energía, el centro del impulso y la fuente del poder. Si el corazón late con debilidad, toda la circulación se torna lenta y el cuerpo inerte. Así ocurre con nosotros los ministros: nuestra propia piedad personal es el resorte principal de todo nuestro poder en el púlpito. Somos débiles como predicadores porque somos débiles como cristianos. Cualquiera que sean nuestras demás deficiencias, la principal de todas está en nuestro corazón. Hemos olvidado demasiado que la fuente de la elocuencia está en el corazón, y que es el sentimiento el que da a las palabras y a los pensamientos su poder.

La tibieza no puede despertar fervor alguno, ni originar actividad, ni producir efecto alguno: adormece todo cuanto toca. Si nos preguntamos cuáles fueron las fuentes de la energía y los manantiales de la actividad de los ministros de Cristo más eficaces, comprobaremos que radicaban en el ardor de su devoción. Eran hombres de oración y de fe. Habitaron en el monte de la comunión con Dios y bajaban de él como Moisés al pueblo, radiantes con la gloria que ellos mismos habían contemplado con intensidad. Se situaban donde podían mirar las cosas invisibles y eternas, y venían con las visiones portentosas frescas ante sus ojos, y predicaban bajo la impresión de lo que acababan de ver y oír. Sacaban sus pensamientos y componían sus sermones de su mente y de sus libros, pero les infundían vida y poder desde el corazón, ¡y desde su aposento de oración!

Siga a Whitefield en su trayectoria, y verá cuán pisado estaba el camino entre su púlpito y su aposento de oración: no se permitió que creciera la hierba en esa senda. En gran parte este fue el secreto de su poder. Fue poderoso en público porque, en su retiro, se había revestido, por así decirlo, de Omnipotencia. Reflejaba el resplandor que había captado en la presencia divina; y su atracción era irresistible.

Si, pues, quisiéramos ver un avivamiento del poder del púlpito, ¡debemos ante todo ver un avivamiento en la piedad de quienes lo ocupan!

Fuente y atribución

Autor original: John Angell James

Título original: The Christian minister

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.

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