Así, en esta maravillosa oración intercesoria, nuestro Señor extendió sus brazos más allá del pequeño círculo de discípulos amenazados que estaban a su alrededor aquella noche, y reunió en ellos a todos los que habrían de creer en Él. Por tanto, nos abrazó a nosotros, los que en estos días creemos en Cristo. Miró a lo largo de los siglos, nos vio a nosotros y a nuestros peligros, y entre las sombras que se profundizaban sobre su cruz, oró por nosotros. ¡Cuán dulce es ser objeto de la oración de Cristo!
Aun eso no es todo, por más precioso que sea; pues se nos dice en otra parte que Jesús vive siempre para interceder por su pueblo. No debemos pensar que perdió el interés por esta tierra cuando se fue. Esta oración intercesoria, cuyas frases percibemos al leer este capítulo, no es más que una momentánea revelación ante nosotros de la continua intercesión de Cristo a nuestro favor en el cielo. Hemos de pensar en Él como presente en el cielo, velando por nosotros de manera perpetua y orando por nosotros en cada momento de peligro. Ve cada tentación solapable a medida que se acerca, y pide: «Padre, guarda a tu hijo en peligro».
Es un consuelo muy precioso aun saber que un querido amigo humano ora por nosotros. Muchas veces en mi juventud me vi guardado de hacer lo malo por el pensamiento de que, en mi tranquilo hogar lejano, mi padre y mi madre, cada mañana y cada noche, levantaban santas manos en oración fervorosa y amorosa, pidiendo a Dios que guardara a su hijo. No podía cometer el mal con esa visión en mi mente. Aún más poderosa en su influencia restrictiva sobre nosotros debería ser la certeza de que, de día y de noche, Jesús en el cielo piensa en nosotros, nos vigila desde su santa altura de gloria y, ante cada apariencia de mal, ora por nosotros. ¿Cómo podríamos hacer lo malo si nos detuviéramos lo suficiente para pensar en esta intercesión divina a nuestro favor?
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Our Great Intercessor
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.