Palabras de consuelo divino

Ofrece a Dios lo primero y lo mejor de tu vida

Dios condena al que engaña ofreciéndole lo dañado; el creyente debe consagrarle lo primero y lo mejor de su corazón, su mente, sus bienes, su tiempo y su influencia.

¡Qué terrible anatema es éste! Pero ¿es desproporcionado al pecado que condena? Es cosa temible intentar engañar a Dios; y, sin embargo, cuántos religiosos, sin sospecharlo, cometen este pecado. Examínate, alma mía, y mira si hay en tus tratos con Dios algo irreal y engañoso, falso y deshonroso; y si lo hay, arrástralo a la cruz, descúbrelo a la luz que ella revela y dale muerte por el poder que la crucifica.

¿Qué es este pecado? Es el pecado de hacer un voto solemne a Dios y luego intentar engañarle ofreciéndole lo que es abominación a sus ojos. ¿No has ofrecido muchas veces a Dios un corazón dividido, repartido con el mundo y con la criatura, mientras le presentabas sólo una medida mezquina de aquel amor del que él reclama justamente el todo? ¿Consagras a Dios lo primero y lo mejor de tus facultades intelectuales, o le entregas sólo las heces de tu mente, usando lo mejor para ti y para el mundo? ¿Qué de tus bienes temporales? ¿Das al Señor, que con tanta abundancia te ha dado, una porción justa para el adelanto de su verdad y de su reino, o echas en su tesoro con mano mezquina, calculando no cuánto sino cuán poco puedes dedicar a su gloria de lo que es todo suyo?

Concluye esta meditación recordando que tu Dios te dio lo primero y lo mejor cuando no escatimó a su Hijo para poder escatimarte a ti. Y recuerda también que Jesús te dio lo primero y lo mejor cuando se entregó a sí mismo por tus pecados, en sacrificio y ofrenda de olor grato a Dios. ¿Es, pues, una petición irrazonable que él pida a cambio lo primero y lo mejor que podamos ofrecerle de nuestro entendimiento y nuestro corazón, de nuestro tiempo, nuestros bienes y nuestro todo? «Bendito Señor, no te daré lo cojo, lo enfermo y lo ciego; tendrás el mejor cordero de mi rebaño, la primera flor de mi juventud, la flor de mi vida y el fruto dorado de mi vejez.»

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: THE BEST FOR GOD

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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