El tiempo de velar ya había pasado. Jesús había atravesado su agonía, y en su rostro se veía el resplandor de la paz. Ya no necesitaba la ayuda de la simpatía que en vano había implorado en la oscuridad. Miró hacia la puerta de la ciudad, y allí venía el traidor. Ya no había necesidad ni utilidad en que los discípulos velaran y vigilaran, y bien podían seguir durmiendo.
La lección es clara. Todo lo que hagamos por nuestros amigos debemos hacerlo cuando necesitan nuestra ayuda. Si alguien está enfermo, el momento de mostrar nuestra simpatía es mientras dura la enfermedad. Si permitimos que pase por su dolencia sin prestarle ninguna atención, poco sirve que, cuando ya esté sano de nuevo, le ofrezcamos bondad.
Si uno de nuestros amigos atraviesa alguna dura lucha con la tentación, entonces es el momento de acercarnos a él y sostener su debilidad con la fuerza de nuestro amor. Si lo abandonamos entonces, casi tanto vale dejarlo que siga solo después. ¿De qué sirve nuestra ayuda cuando la batalla ya se ha librado hasta el fin y se ha ganado sin nosotros? O supongamos que el amigo no salió victorioso; que fracasó, que fracasó porque nadie acudió a ayudarle: ¿hay alguna utilidad en que corramos entonces a ofrecerle nuestro auxilio? Así, por todas partes, la lección se nos impone.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Lost Opportunities
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.