Una vida que resplandece

Palabras que hieren, palabras que sanan

Las palabras dichas sin reflexión vuelan como flechas y atraviesan corazones que nunca se pretendía herir, rompiendo amistades e infligiendo daños irreparables; en cambio, la lengua del sabio trae sanidad. Una oración pide que cuanto sale de nuestra boca y de nuestro corazón agrade a Dios.

«Las palabras temerarias hieren como espada, pero la lengua de los sabios trae sanidad». Proverbios 12:18

Hay muchas palabras que se pronuncian y que nunca deberían pasar por la puerta de los labios. Hay personas que parecen no ejercer ningún tipo de restricción sobre su manera de hablar. Permiten que cada pensamiento pasajero tome forma en palabras. Nunca piensan en cuál será el efecto de sus palabras — cómo volarán como flechas disparadas por algún tirador descuidado, y atravesarán corazones que nunca se tuvo la intención de herir. Así se rompen amistades y se infligen heridas que jamás podrán repararse. Las palabras descuidadas causan sin cesar dolor y tristeza en los espíritus sensibles. Sentimos compasión por los mudos que a veces encontramos. El mutismo es mucho más bienaventurado que el habla, si todo lo que podemos hacer con nuestro maravilloso don es pronunciar palabras amargas, airadas, ofensivas, o ásperas y cortantes.

«¡Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía y redentor mío!» Salmo 19:14

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: CARELESS WORDS

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura