Cuando Dios el Espíritu Santo toma un alma en sus manos, así como los dedos de una mano de hombre escribieron una sentencia de condenación sobre la pared del palacio del rey de Babilonia, así el bendito Espíritu escribe la palabra 'perdido' sobre la conciencia de cada vaso de misericordia; y cuando ha escrito esta palabra con poder en sus conciencias, la llevan consigo como marcada a fuego en letras de llama, de tal modo que la impresión jamás será borrada hasta que sea cancelada por la sangre expiatoria del Mediador. Y así, en las enseñanzas del Espíritu Santo en las conciencias de la familia de Dios, 'perdido, perdido, perdido' está escrito en su corazón; 'perdido, perdido, perdido' es el clamor de sus labios; 'perdido, perdido, perdido' es el sentir profundo de su alma. Y ninguno fue hallado jamás que no tuviera el sentir de perdido, más o menos profundamente, grabado en su corazón. Ninguno fue recogido en los brazos del Pastor celestial, buscado por los montes y las colinas, puesto sobre sus hombros y traído a casa con regocijo; ninguno fue llevado a un trato espiritual con Jesús hasta gozar comunión con él, que no hubiera suspirado, gemido y clamado bajo el sentido de su estado perdido, como pecador culpable delante de Dios.
Ahora, cuando el alma ha sido enseñada por el Espíritu Santo a sentir, así como a ver y conocer, que está sin fuerza para librarse de la ira venidera, y en consecuencia se ha hundido en desaliento y consternación, entonces es el tiempo en que el Espíritu Santo suele darle algún descubrimiento de la misericordia de Dios en el rostro de Jesucristo. Esto se halla dulcemente figurado en aquel pasaje notable de Ezequiel 16. Allí el vaso de misericordia es delineado bajo la figura de un recién nacido abandonado por su madre, 'echado en el campo, al desprecio de tu persona, el día que naciste.' Tan desamparado, tan abandonado, tan contaminado, tan impotente, tan perecedero y miserable paria es el alma vivificada. Pero no es dejada perecer. 'Cuando pasé junto a ti,' dice el Redentor amante, 'y te miré, he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti' (la señal de desposorio, Rut 3:9), 'y cubrí tu desnudez; sí, te juré y entré en pacto contigo, dice el Señor Jehová, y fuiste mía.'
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 7
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.