Estoy convencido de que la gran razón por la que tenemos tantos cristianos famélicos, flacos en gracia y flacos en la práctica, aunque escuchan sermón tras sermón —tal vez en el día de reposo escuchan cuatro o cinco sermones— es porque no digieren nada. ¡Nunca reflexionan ni meditan sobre lo que oyen!
De esto habla nuestro Salvador Cristo: por la semilla sembrada junto al camino se entiende al hombre que oye la palabra y nunca piensa en ella después de haberla oído, sino que deja que el diablo se la arrebate del corazón (Lucas 8:5). Como el jardinero que siembra la semilla en un camino duro —sabes que nunca lo ara, nunca espera que produzca algo. Para muchos, los sermones que escuchas son como la semilla sembrada en el camino: nunca la cubres con la meditación, nunca piensas en ello después de haberlo oído; y esa es la razón por la que no sacas más provecho de lo que oyes.
3. La razón por la que las PROMESAS de Dios no conmueven más tu corazón, por la que los santos de Dios no saborean más dulzura en las promesas, es porque no reflexionas ni meditas en ellas. Con las promesas del evangelio sucede lo mismo que con un caramelo: si una persona no lo mastica sino que se lo traga entero, nunca saboreará gran dulzura en él. El camino para saborear la dulzura es masticarlo.
Del mismo modo, las promesas de Dios están llenas de consuelo celestial, pero nunca disfrutarás de su consuelo a menos que las mastiques por la meditación.
Como sucede con las especias —a menos que sean molidas, nunca huelen dulces. Y como sucede con una flor —a menos que la frotes, nunca percibirás su fragancia. Tampoco jamás saborearás el consuelo celestial que hay en las promesas del evangelio —a menos que las frotes, a menos que las muelas, a menos que las mastiques por la meditación!
La razón por la que los santos de Dios caminan tan incómodos toda su vida, es porque no mastican estas promesas.
Fuente y atribución
Autor original: Edmund Calamy
Título original: The Dangers of Neglecting Meditation — parte 3
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Edmund Calamy, publicado originalmente en Grace Gems.