Leemos que "ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada"; es decir, es patrimonio común de toda la familia de Jehová; y "los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo", que influyó y obró en sus mentes de modo que sacaran de sus corazones lo que conviniera a toda la familia de Dios. Por ejemplo, leemos en el Salmo 51 la confesión de David; pero esa confesión se aplica a toda alma condenada por el pecado. Cuando Job derramaba sus piadosos lamentos, estaba hablando, sin saberlo quizá, para los hijos de Dios hasta el tiempo más lejano.
Así, cuando el Señor dijo a Josué: "No te dejaré ni te desampararé", fue una promesa dada especialmente a Josué; parecía limitada a ese individuo, como si él solo tuviera derecho a ella. Pero encontramos al apóstol Pablo tomándola como patrimonio de toda la Iglesia de Dios: "Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé ni te dejaré." ¿A quién lo dijo? A Josué; pero al decírselo a Josué, lo dijo a la Iglesia de Dios; al darle la promesa a Josué, se la dio a toda alma que necesitaba con él su ayuda, que temía con él ser desamparada, que quería con él su mano sostenedora. Por eso esta promesa privada a Josué no era de interpretación privada, sino que, aplicada por el bendito Espíritu, conviene a toda alma viva colocada en circunstancias semejantes a las del que primero la recibió.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: June 30
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.