«Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: “Maldito todo el que es colgado en un madero”), para que en Cristo Jesús llegase a los gentiles la bendición de Abraham, a fin de que recibiésemos por la fe la promesa del Espíritu.» Gálatas 3:13-14
El Espíritu de santificación es el don de Cristo. Por consiguiente, hay una gran diferencia entre las acciones morales realizadas por nuestra propia fuerza — y la verdadera santificación del Espíritu. Esta última no puede tener lugar antes de que el alma reciba verdaderamente a Cristo y permanezca en Él como su único sacrificio expiatorio, justicia y paz; pues Él, habiendo sido hecho primero por Dios nuestra justicia — entonces será hecho asimismo nuestra santificación (1 Corintios 1:30). Y el reino, la obra y la imagen de Dios adelantarán mejor — cuando menos confiemos en nuestra propia fuerza. El yugo de Cristo se vuelve fácil, y su carga ligera, cuando Él vive y obra en nosotros; y nosotros, con un ánimo de niños, vivimos en adelante para aquel que murió por nosotros. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, a fin de conferirnos todas las bendiciones del evangelio, y nos confiere todas las bendiciones del evangelio, para prepararnos para todas las glorias del cielo. ¡Oh, qué gracia, qué amor manifiesta Jesús!
Fuente y atribución
Autor original: Carl Heinrich von Bogatzky
Título original: A Golden Treasury for the Children of God — January 17
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Carl Heinrich von Bogatzky, publicado originalmente en Grace Gems.