Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Sin el Espíritu no hay vida ni conocimiento de Dios

Un alma muerta no puede creer, conocer ni amar a Dios; necesita la obra regeneradora del Espíritu, tan indispensable como la redención del Hijo.

Un conocimiento recto y una experiencia viva de la Persona, las gracias y las operaciones del Espíritu Santo sobre el alma son cosa muy esencial. El hombre está tan profundamente hundido, tan completamente caído y tan incapaz de restituirse a sí mismo, que necesita este santo Maestro para ser llevado al conocimiento salvador y experimental de la verdad de Dios; pues nada sabemos sino por su enseñanza, nada tenemos sino por su don, y nada somos sino por su obra. Cuanto más claramente seamos llevados a ver, y más profundamente seamos enseñados a sentir lo que somos como hijos e hijas caídos de Adán, tanto más sentiremos nuestra necesidad de sus benditas operaciones sobre el corazón y la conciencia, y tanto más las estimaremos cuando las experimentemos.

En el caso de Aarón, considerado no solo como tipo de Cristo sino como ministro personal ante el altar del tabernáculo y consagrado al sumo sacerdocio, no bastaba con que fuera lavado, ni con que fuera vestido: tenía también que ser ungido con el aceite santo de la unción antes de poder estar en el santuario de Dios. Así sucede con un hijo del Altísimo, uno de los «reyes y sacerdotes» que forman el «sacerdocio real»: no le basta ser lavado en la sangre del Cordero y vestido con su justicia justificadora; debe ser consagrado al servicio de Dios por la santa unción; es decir, ser santificado, regenerado y renovado en el espíritu de su mente, para que, hecho participante de la naturaleza divina, entre aquí en una experiencia espiritual de la verdad de Dios y disfrute allá de los placeres eternos que están a la diestra de Dios.

Por la misma naturaleza de la caída, es imposible que un alma muerta crea en Dios, conozca a Dios o ame a Dios: debe ser vivificada a vida espiritual antes de poder conocer salvadoramente al único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien él ha enviado. Y así, en el mismo umbral y en el corazón mismo del caso, se halla la necesidad absoluta de las operaciones regeneradoras de Dios el Espíritu Santo sobre el alma. La plenitud y la profundidad de la caída hacen la obra regeneradora del Espíritu tan necesaria e indispensable como la obra redentora del Hijo de Dios. Por eso el apóstol las pone juntas: «Ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios». Si el alma ha de entrar en la gloria eterna, debe ser preparada para ella siendo hecha participante de la gracia, recibiendo una naturaleza nueva y celestial engendrada por el Espíritu, capaz de ver, gozar y deleitarse eternamente en la visión de la Deidad manifestada en la gloriosa Persona del Dios-Hombre.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: May 18

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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