Cuando somos plenamente vaciados de nosotros mismos, cuando nuestro conocimiento se revela como ignorancia, nuestra sabiduría como necedad, nuestra justicia como trapos inmundos y nuestra fuerza como debilidad, entonces comenzamos a anhelar las enseñanzas del bendito Espíritu. Debemos ser purgados y probados antes de poder valorar y recibir los tesoros de la gracia. Cuando somos bien ejercitados y probados en nuestra alma, entonces comenzamos a anhelar las enseñanzas del Espíritu Santo, que derrame el amor de Dios en nuestra alma, nos visite y guíe, nos cubra con su santa presencia y destile en nuestros corazones su unción secreta.
Antes de ser llevados aquí, no conocemos la persona del Espíritu Santo. No tenemos evidencia en nuestra conciencia de que él es Dios; no podemos adorarle ni reverenciarle como la Tercera Persona de la bienaventurada Deidad. Pero cuando somos llevados a este punto —en que nada sabemos sin su enseñanza, nada sentimos sin su don, y nada somos sin su acción—, esto nos hace suspirar tras sus enseñanzas y conducciones; y somos llevados a esperar en la postura de la santa adoración y la quieta quietud, para que el rocío y la unción del Espíritu caigan sobre nuestra conciencia.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: May 9
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.