No puede haber un pensamiento nuevo en la mente de DIOS. Nuevos pensamientos, nuevos sentimientos, nuevos planes, nuevas resoluciones acuden continuamente a NUESTRA mente, porque la nuestra es una naturaleza caída, pobre, inconstante y mudable. Pero Dios no tiene nuevos pensamientos, sentimientos, planes ni resoluciones; porque si los tuviera sería un ser mudable, no un gran «Yo soy» eterno e inmutable. Todos sus pensamientos, pues, todos sus planes, todos sus caminos son como él mismo: eternos, infinitos, inmutables e invariables.
Así es con el amor de Cristo hacia la iglesia. Es eterno, inmutable, invariable. ¿Y por qué? Porque amó como Dios. Nunca perdamos de vista la gloriosa deidad de Jesús. La amó en la eternidad como Hijo de Dios, antes de su encarnación. Esta no fue sino el fruto de su amor. No podemos, pues, asignar principio al amor de Cristo, pues existía cuando él existía, y esto desde la eternidad. Tampoco podemos poner fin a ese amor, pues sólo puede terminar con él mismo; y como él no tuvo principio, tampoco tiene fin. Su amor, entonces, es como él mismo: como no conoció principio, no conocerá fin.
¡Oh, qué misericordia para los que tienen algún conocimiento experimental y graciosos del amor de Cristo, creer que es desde el siglo y hasta el siglo; que ningún incidente del tiempo, ninguna tempestad de pecado o de Satanás, podrá jamás cambiar ni alterar ese amor eterno, sino que permanece ahora y permanecerá el mismo por toda la eternidad!
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: May 7
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.