Atardeceres sobre los montes hebreos

Un hogar que descansa en el pacto eterno

Contemplar una familia unida por el pacto eterno, que camina junta en fe hacia el mismo descanso, nos llama a confiar en las promesas de Dios aun en el lecho de muerte.

Sobre esto no nos detendremos. No oscurezcamos esas notas de gozo deteniéndonos en esta última elegía de tristeza. Contemplemos más bien una casa que "así está con Dios". Pintemos más bien el hermoso espectáculo de una familia entera, unida por los lazos indisolubles del único "pacto eterno", recorriendo el mismo camino de peregrinación y anticipando el mismo descanso del peregrino: un padre y una madre que doblan sus rodillas para orar por sus pequeños; viviendo ellos mismos una vida de coherencia elevada; sus hijos levantándose y llamándolos bienaventurados; resignados en la aflicción; mansos ante la provocación; compasivos en la enfermedad; y el epitafio en la lápida familiar, escrito por el hombre y ratificado por Dios: "Todos estos murieron en fe". "De tales es el reino de los cielos".

¿Estamos preparados para acostarnos en nuestro lecho de muerte y exultar, como David, en esperanzas llenas de inmortalidad? ¿Podemos omitir la única nota de tristeza de su canto, y hacer nuestras las palabras del guerrero moribundo? ¿Podemos cantarla en vida, en medio de todos sus cambios? ¿Podemos cantarla en la aflicción, en medio de todas las lágrimas? ¿Podemos cantarla al atravesar el valle de sombra de muerte? ¿Podemos llevarla con nosotros como nuestro pasaporte a las puertas de oro?: "ÉL ha hecho conmigo un pacto eterno, ordenado en todas las cosas y seguro; porque esto es toda mi salvación y todo mi deseo".

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: DAVID — Parte 4

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura