Un nuevo afecto tiene más éxito al reemplazar un viejo afecto que el simple intento de ponerle fin sin suplantarlo con algo mejor
El poder ascendente de un segundo afecto hará lo que ninguna exposición, por más enérgica que sea, de la necedad y la inutilidad del primero podría jamás efectuar. Y lo mismo ocurre en el gran mundo. Nunca lograremos detener ninguna de sus empresas principales mediante una demostración abierta de su vanidad. Es del todo en vano pensar en detener una de estas empresas de cualquier otra manera que no sea estimulando otra. Al intentar llevar a un hombre mundano, intenso y ocupado en la prosecución de sus objetos, a un alto total, no tenemos solo que enfrentarnos al encanto que él añade a esos objetos, sino también al placer que siente en la misma prosecución de ellos. No basta, entonces, con disipar el encanto mediante una exposición moral, elocuente y conmovedora de su carácter ilusorio. Debemos presentar al ojo de su mente otro objeto, con un encanto bastante poderoso para despojar al primero de sus influencias y comprometerlo en alguna otra empresa tan llena de interés, esperanza y actividad congenial como la anterior.
Es esto lo que estampa la impotencia sobre toda declamación moral y patética acerca de la insignificancia del mundo. Un hombre no consentirá más en la miseria de estar sin un objeto porque ese objeto sea una bagatela, ni en estar sin una empresa porque esa empresa termine en alguna adquisición frívola o fugaz, de lo que se someterá voluntariamente a la tortura porque esa tortura haya de ser de corta duración. Si estar sin deseo y sin esfuerzo del todo es un estado de violencia y desasosiego, entonces el deseo presente, con su correspondiente tren de esfuerzo, no se elimina simplemente destruyéndolo. Ha de ser sustituyendo otro deseo y otra línea o hábito de esfuerzo en su lugar. La manera más eficaz de retirar la mente de un objeto es presentar a su atención otro objeto aún más atrayente.
Estas observaciones no se aplican solo al amor considerado en su estado de deseo por un objeto aún no obtenido. Se aplican también al amor considerado en su estado de indulgencia, o gratificación, con un objeto ya en posesión. Rara vez alguno de nuestros gustos llega a desaparecer por un mero proceso de extinción natural. Al menos, muy rara vez esto se logra mediante el instrumento del razonamiento. Puede lograrse por una complacencia excesiva, pero casi nunca se logra por la sola fuerza de la determinación mental. Pero lo que no puede destruirse puede ser desalojado, y un gusto puede ceder ante otro y perder por completo su poder como afecto reinante de la mente.
Es así como el niño deja al fin de ser esclavo de su apetito, pero es porque un gusto más viril lo ha llevado ahora a la subordinación; y el joven deja de idolatrar el placer, pero es porque el ídolo de la riqueza se ha vuelto más fuerte y ha obtenido la supremacía; y aun el amor al dinero deja de tener el dominio sobre el corazón de muchos ciudadanos prósperos, pero es porque, arrastrado al torbellino de las políticas de la ciudad, otro afecto ha sido labrado en su sistema moral, y ahora es señorizado por el amor al poder.
No hay una sola de estas transformaciones en que el corazón quede sin un objeto. Su deseo por un objeto particular puede ser conquistado, pero en cuanto a su deseo de tener algún objeto u otro, este es inconquistable. Su adhesión a aquello en lo que ha fijado la preferencia de su atención no puede ser vencida voluntariamente por el arranque de una simple separación. Solo puede lograrse mediante la sustitución de algo más, a lo que pueda sentir la adhesión de una preferencia aún más fuerte y poderosa. Tal es la tendencia asiderosa del corazón humano, que ha de tener algo a qué aferrarse; y si esto le es arrebatado sin la sustitución de otro algo en su lugar, dejaría un vacío y una laguna tan dolorosos para la mente como el hambre lo es para el sistema natural. Puede ser despojado de un objeto, o de cualquiera, pero no puede ser desolado de todos.
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Chalmers
Título original: The Expulsive Power of a New Affection — parte 3
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Chalmers, publicado originalmente en Grace Gems.