Los preceptos de Jesús

Una lealtad que no se oculta

Jesús llama a sus seguidores a confesarle abiertamente; la fe verdadera no se esconde, sino que se profesa con valentía entre los hombres.

«Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi siervo». Juan 12:26.

El Salvador requiere que quienes le siguen lo hagan públicamente, confesando su nombre delante de los hombres. Esta es una de las leyes de su reino que no puede ser menospreciada sin incurrir en su desagrado. No prohíbe solamente la rebelión abierta, sino también el apego oculto; no solamente la enemistad declarada, sino también el amor disimulado. No hemos de procurar llegar al cielo por algún sendero inadvertido o retirado, sino que debemos transitar por el camino del Rey. Si hemos sido hechos partícipes de esa religión que es pura y sin mancha, no debemos procurar guardarla para nosotros; al contrario, debemos darla a conocer a todos los que nos rodean: a quién pertenecemos y a quién servimos.

En todas las representaciones que se nos dan de los seguidores de Cristo, esta característica está claramente implícita. Se los presenta no como ovejas errantes, sino como un rebaño, y como tal tienen un redil y un pastor. Se los representa no como plantas solitarias que crecen sin orden ni cultivo, sino dentro de un cercado; son una viña rodeada de muros; son un huerto custodiado y regado. Se los describe no como piedras sueltas en el suelo, esparcidas aquí y allá, sino como en un edificio; son edificados como casa espiritual, morada de Dios por el Espíritu. De ellos no se habla como vagabundos, ni como transeúntes por los caminos y los setos, sino como conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.

Al dirigirse a los romanos, el apóstol dice: «Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación». Estas palabras debieran ser seriamente meditadas por quienes han acostumbrado considerar la profesión pública de religión como un asunto comparativamente sin importancia. Si creer con el corazón es el gran asunto, y confesar con la boca algo de escasa consecuencia, entonces es extraño que ambos estén así unidos de manera tan estrecha y decidida.

Lector, si quieres servir al Redentor, síguele; identifícate con su pueblo y con su causa, y pelea bajo el estandarte teñido de sangre de su cruz. Si así lo haces, él será tu defensa presente, y te recompensará abundantemente en lo porvenir. Confesándole delante de los hombres, él te confesará delante de su Padre y de todos los santos ángeles. Él no se avergonzó de llamarnos hermanos: ¿y nos avergonzaremos nosotros de llamarle Señor? El amor, la gratitud, el honor y la coherencia se unen para exclamar: ¡Dios no lo permita!

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Concealed Allegiance

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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